Palabras y juicios irredentes
Las recientes fricciones entre el presidente emérito López Obrador y la presidenta en funciones Sheinbaum Pardo no representan alguna ruptura en la alianza política de continuidad transexenal, sino que reflejan el enfrentamiento en modos entre científicos y populistas, en el contexto de una oposición que estaría obligando a un endurecimiento político del grupo de la 4T.
Los dos presidentes están convencidos del proyecto cuatroteísta, pero enfrentan conflictos entre grupos políticos en modo de tribus, visibles en casos como la caída de Adán Augusto López Hernández, el enfriamiento de Ricardo Monreal Ávila, la crisis con Marx Arriaga en la SEP, y el acoso con información interna contra Andrés Manuel Andy López Beltrán, así como su desplome en la Secretaría de Organización de Morena.
Si se analizan las decisiones tomadas en el Palacio de Invierno de Palenque y las que se quieren operar en el Palacio Nacional, se trataría del mismo proyecto con diferencias en estilos sucesorios, en un contexto que remite a prácticas del régimen priista y al antecedente del Pacto por México.
El control del partido Morena, el manejo de las cámaras legislativas y el papel de la educación en la producción revelan dos enfoques de un mismo objetivo, con la circunstancia de que la presidenta Sheinbaum no quiere aparecer como simple encargada de un proyecto al que no se le quiere cambiar ni una coma.
En la tensión dinámica AMLO-CSP también pesa la denuncia aparecida en Estados Unidos sobre la presunta responsabilidad de figuras de la 4T en el huachicol fiscal, vinculada a financiamiento electoral.
A López Obrador le alcanzaba su perfil de líder social para confrontar a una oposición desarticulada, que hacia finales de 2023 comenzó a estructurar una coalición contraria al enfoque populista, integrada por corrientes académicas, sectores de derecha ilustrada e intelectuales vinculados al grupo (A)Nexos.
Esa configuración confluyó en la fundación del partido Somos México, que se define como oposición no leal, a diferencia del PAN en sus sexenios presidenciales.
Entre los temas centrales rumbo a 2027 y 2030 destaca la reforma electoral impulsada por López Obrador sin negociación con la oposición, encargada a Pablo Gómez Álvarez, con referencias al modelo de la Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz en 1988.
La presidenta Sheinbaum enfrenta límites derivados del lopezobradorismo en activo y la intención del presidente Trump de influir en elecciones mexicanas, como lo ha hecho en otros países latinoamericanos.
En ese espacio se ubican las tensiones entre el modelo político científico de Sheinbaum y el modelo apasionado y verticalista de López Obrador.
Si bien no estaría en riesgo el enfoque final de la 4T para 2027 y 2030, podrían generarse mayores disputas internas que compliquen la mayoría calificada en 2027 y la presidencia en 2030.
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