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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 13 de septiembre de 2026.-Los tamales forman parte de una de las tradiciones gastronómicas más antiguas y queridas de México. Hay tantas variedades como regiones y familias.
Temprano por la mañana, camino al trabajo, el tamal aparece en los puestos callejeros acompañado de un atole; en las mesas durante alguna fiesta; en las celebraciones religiosas y en muchas reuniones familiares. Puede ser desayuno, comida, cena o simplemente un antojo.


El tamal es una de las grandes expresiones de la cocina mexicana.
Su origen está ligado al maíz y a las antiguas culturas de Mesoamérica, donde la masa envuelta en hojas permitía preparar y transportar alimentos de una manera práctica. Con el paso del tiempo, la tradición se enriqueció con nuevos ingredientes y formas de preparación, hasta convertirse en el enorme universo de tamales que conocemos actualmente.
Cada región tiene los suyos.
Hay envueltos en hojas de maíz y también los huastecos cocinados en hojas de plátano y hasta de acelga. Algunos son pequeños y delicados; otros son grandes y abundantes. Pueden llevar carne de cerdo, pollo, chile, mole, verduras, frijoles, queso o diferentes combinaciones.
También hay dulces, que pueden incorporar elote, azúcar, frutas, pasas o diferentes sabores y colores.

Y están aquellos que, como los huastecos, tienen una personalidad completamente propia, cuya receta difícilmente puede separarse de la comunidad donde se preparan.
Una tradición que se comparte
Algo importante es todo lo que sucede antes de comer un tamal. Su preparación casi nunca es un trabajo solitario.
Se necesita preparar la masa, limpiar las hojas, preparar el relleno, colocar cada porción, doblar y acomodar los tamales en la vaporera.
Es una tarea laboriosa y más cuando se prepara una cantidad grande, siempre se necesitan manos que ayuden.
Alguien prepara la masa, mientras otro coloca el relleno y alguien más dobla la hoja y acomoda. Siempre hay que estar pendiente de que el agua de la vaporera no se termine, por eso la reunión empieza, desde antes de que los tamales se pongan en la mesa.
El tamal se cocina en comunidad. Se disfruta, se saborea, se comparte y refleja la diversidad de México.

No importa que cambian las hojas, la masa, el relleno, el tamaño, la textura y la forma de cocinarlo, seguimos reconociéndolo.
El tamal no necesita una presentación sofisticada, se abre la hoja, sale el vapor y está listo. Es una tradición de generaciones, que está en la fiesta y en la vida cotidiana.
Una fórmula sencilla que México convirtió en un universo gastronómico y una muestra más de la capacidad de nuestra cocina para transformar ingredientes básicos en alimentos únicos.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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