OXXO ofrecerá oportunidades laborales a mujeres atendidas por el CJM
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 28 de octubre de 2026.- En los días previos al Día de Muertos, el papel picado comienza a ondear en mercados, hogares, plazas y panteones. Los recortes de calaveras, flores, cruces y otras figuras convierten los espacios en escenarios llenos de color, pero, más allá de lo ornamental, la presencia de esta artesanía en las ofrendas representa el aire y forma parte del lenguaje simbólico con el que las familias reciben y recuerdan a sus seres queridos fallecidos.
Cada color aporta una interpretación a la celebración. Aunque los significados pueden cambiar según la región, las costumbres familiares y las creencias de cada comunidad, algunas de las tonalidades se han relacionado con el duelo, la espiritualidad, la vida y la muerte.
El morado suele asociarse con el luto dentro de la tradición católica. Su presencia en los altares expresa respeto por quienes ya murieron y acompaña el carácter solemne de la conmemoración. Junto con el naranja, es uno de los colores tradicionalmente utilizados en el papel picado de las ofrendas.
El naranja evoca el cempasúchil, una de las flores más representativas del Día de Muertos. Su tonalidad intensa se vincula con la luz, el sol y la guía simbólica que ayuda a las almas a encontrar el camino hacia los hogares donde se les recuerda.
Al combinarse con el morado, crea un contraste que reúne dos dimensiones de la festividad: la nostalgia por la ausencia y la alegría de mantener presente la memoria de quienes formaron parte de la familia.
El blanco se relaciona, en algunas interpretaciones populares, con la pureza y la paz. En determinados altares también se utiliza para honrar a niñas y niños fallecidos. Su significado depende de las costumbres de cada comunidad y de la manera en que las familias construyen su ofrenda.
El negro suele asociarse con la muerte y el inframundo. En el papel picado, su presencia puede aportar solemnidad y recordar que la celebración no busca ocultar la muerte, sino incorporarla a una tradición que permite hablar de ella, honrar a los ausentes y conservar su recuerdo.
El rojo, el amarillo, el verde y el azul también aparecen en los diseños artesanales. En algunas interpretaciones los vinculan con la sangre, la luz, la juventud o el agua, entre otros significados, porque no existe una equivalencia única y universal para cada tonalidad: el sentido varía entre regiones y costumbres.
Cada ofrenda expresa una historia particular. De hecho, las figuras elegidas, los nombres, las imágenes y los tonos responden comúnmente a la edad, los gustos o los recuerdos de las personas a quienes se dedica el altar.
Detrás de cada tira de papel picado hay un trabajo artesanal que exige precisión. En la elaboración tradicional, los artesanos colocan varias hojas de papel de china, sobre ellas una plantilla con el diseño y, con cinceles y pequeños golpes de martillo, recortan flores, grecas, calaveras y figuras de gran detalle.
San Salvador Huixcolotla, en Puebla, es una de las localidades más reconocidas por preservar este oficio. La técnica se ha transmitido entre generaciones y forma parte de una identidad artesanal que hoy distingue a la comunidad.
En el altar, las piezas se colocan suspendidas para que el movimiento del aire las haga ondear. Ese gesto sencillo recuerda uno de los sentidos que se atribuyen a la ofrenda: el papel picado representa el viento, mientras otros elementos evocan el agua, la tierra y el fuego.
Así, cuando el papel de colores se mueve con la brisa, adorna la celebración y acompaña un ritual de memoria y afecto en el que las familias mexicanas mantienen vivo el vínculo con quienes ya no están.
A lo largo del territorio nacional, las formas de celebrar el Día de Muertos son diversas, pero el papel picado se repite en cada rincón como una expresión del arte popular mexicano: frágil en su material, elaborado en sus detalles y profundo en su significado.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
Síguenos en: Facebook | WhatsApp | X | Instagram | YouTube





