Se va octubre con su luna, ¿y qué hará el torito?
Por Carlos Ramírez
El Instituto Electoral —primero federal y luego nacional— nació con el virus de su propio descrédito: los presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo lo diseñaron a imagen y semejanza de la Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett de 1988: mantener el control directo del Ejecutivo para beneficiar al partido en el poder, haya sido PRI, PAN, PRIAN o Morena.
La crisis del INE con Guadalupe Taddei es consecuencia, según esta interpretación, de la dependencia absoluta de todos los consejeros presidentes respecto del poder omnímodo del presidente en turno de la República.
La clave del control político del Instituto estaba en la CFE, controlada bajo la presidencia del secretario de Gobernación en turno. Salinas de Gortari lo mantuvo y Zedillo tuvo la idea de sustituir esa presencia directa por un control indirecto a través de un consejo electoral de barones que eran designados como consejeros ciudadanos o consejeros electorales por la mayoría del partido en el poder.
El chip del control gubernamental sobre el IFE/INE se encontró en el consejo electoral de intermediación presidencialista, con figuras surgidas de la oposición, pero sometidas a entendimientos institucionales. Los primeros consejeros críticos fueron designados a dedo por Salinas de Gortari y Zedillo para legitimar el control, y el camino se encontró en una alianza —el modo Gramsci— con el bloque intelectual académico que, a juicio del autor, era controlado desde entonces y hasta la fecha por los grupos salinistas de (A)Nexos y el Instituto de Estudios para la Transición Democrática, con dos cabezas visibles que habrían mantenido el control en la designación de consejeros y funcionarios del Instituto: Héctor Aguilar Camín y José Woldenberg.
De Woldenberg (1994) a Lorenzo Córdova Vianello (2023), casi 30 años, los consejeros presidentes del INE respondieron, según esta lectura, a intereses políticos, incluyendo una concesión al PRD con Leonardo Valdés Zurita y la alianza de Felipe Calderón Hinojosa/PAN con el poder político de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo para imponer a Luis Carlos Ugalde, quien operó las controvertidas elecciones de 2006, marcadas por una diferencia de medio punto porcentual en las cifras electorales finales.
El bloque político Salinas de Gortari-Zedillo-(A)Nexos-IETD ha tenido, desde esta perspectiva, el control directo del Instituto Electoral en dos grandes periodos: el dominio de Woldenberg y la etapa de Lorenzo Córdova Vianello —asesor de Woldenberg en el primer periodo— de 2014 a 2023, comenzando ambos como consejeros colegiados y terminando como consejeros presidentes.
En este escenario se dio la dominación de (A)Nexos-IETD en la incorporación de personal electoral surgido del mismo grupo académico-intelectual-político, lo que lleva a algunos analistas, según el columnista, a suponer que de ahí pudo provenir parte de la filtración de los primeros datos sobre presunto tráfico de influencias en la gestión de la consejera presidenta Guadalupe Taddei, relacionados con un contratista con quien habría mantenido relaciones íntimas y familiares. El autor también plantea la hipótesis de que dicho entorno fue la fuente de distribución de videos que, según su interpretación, incriminaron a Taddei, quien posteriormente presentó su renuncia.
En el IFE/INE de Salinas de Gortari-Zedillo-(A)Nexos-IETD se localiza, a juicio del autor, la ineficacia democrática del Instituto Electoral, pero con la circunstancia agravante de que al grupo dominante de Morena lopezobradorista le conviene mantener la misma estructura, solo que renovando a todos los cuadros profesionales.
Y el bloque morenista —cincelado en la escuela política del salinismo-zedillismo-lopezobradorismo— tendría la instrucción de mantener el aparato político del Instituto Electoral, solo que ahora para servir a los intereses del actual partido mayoritario en su carrera por afianzar la mayoría calificada en 2027 y, desde luego, extender el control presidencial por un tercer piso sexenal.
Hoy no existe, según esta perspectiva, la mínima posibilidad de que el INE pueda ser reformado con miras a deseos infantiles de democratización de las estructuras electorales, y los ajustes que se hagan podrían perfilar una tercera etapa del Instituto Electoral bajo el modelo de la CFE de Bartlett Díaz en 1988.
El control político del Instituto estaría en la permanencia de la estructura del consejo electoral con barones en modo de consejeros votados por los intereses del partido dominante en el poder, con ciertas alianzas minoritarias, sobre todo con el PAN.
La crisis provocada por los señalamientos de presunta corrupción contra la consejera presidenta Taddei debería obligar, a juicio del columnista, a todos los partidos a una refundación del Instituto Electoral con fines democráticos reales y a terminar con el modelo Salinas de Gortari-Zedillo, que considera funcional para el periodo lopezobradorista.
Sin embargo, sostiene que esta meta es sencillamente imposible de lograr porque la actual estructura morenista quiere el poder y no la democracia.
Política para dummies: La política se pervierte con la política.
@carlosramirezh
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