Cuestionan gasto de un millón de pesos de Galindo con Indatcom
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 24 de marzo de 2026.- Desde las 7:30 horas y hasta las 19:30 horas, María Elizabeth Martínez Niño instala su silla frente a la Catedral Metropolitana, donde se dedica a limpiar, reparar y dar brillo a zapatos.
Entre el tránsito constante de personas en el Centro Histórico, sostiene una rutina diaria con un solo objetivo: sacar adelante a sus dos hijos.
“Es muy difícil, muy pesado, pero es mi trabajo y gracias a esto he podido mantener a mi familia”, expresó.
María Elizabeth suma casi 20 años en el oficio, aunque desde hace seis trabaja en Plaza de Armas, donde ha consolidado una clientela constante.

Comenzó en la explanada Hidalgo, donde aprendió la técnica, aunque su ingreso no fue sencillo, ya que enfrentó resistencia en un entorno dominado por hombres.
“Mis compañeros no me querían por ser mujer. Para ellos era como una ofensa”, recordó.
Además del lustrado, realiza reparaciones de calzado, desde coser hasta pegar suelas, cuidando detalles como las costuras.
“No cualquiera lo hace, hay que cuidar el material y el trato al cliente”, explicó.
Ese nivel de detalle le ha permitido mantener clientes frecuentes, quienes la buscan directamente en el primer cuadro de la ciudad.
Pandemia redujo su trabajo hasta 70 por ciento.
Durante la pandemia, su situación se complicó. Con calles vacías, su actividad cayó de forma drástica.
De contar con el total de sus clientes, pasó a conservar apenas un 30 por ciento de ingresos.
“Solo trabajábamos para sobrevivir”, señaló.
En ese periodo, además, enfrentó problemas de salud durante su embarazo, lo que agravó su situación.
A pesar de ello, continuó trabajando, en jornadas que implican esfuerzo físico constante, exposición al clima y atención continua al público.
“No cualquiera aguanta este ritmo, es trabajo de todo el día”, afirmó.
Un oficio que busca mantenerse vigente
María Elizabeth advirtió que la actividad de bolear zapatos ha disminuido con el paso del tiempo, debido a cambios en hábitos de la población.
“Es una tradición que se está perdiendo”, comentó.
Sin embargo, confía en que temporadas como Semana Santa incrementen la afluencia de visitantes y mejoren sus ingresos.
Consideró que un zapato limpio sigue siendo parte importante de la imagen personal.
“Es de lo primero que se fijan en una entrevista o trabajo”, concluyó.





