La propuesta impositiva a la cerveza y licores para 2027
Persiste en buena parte de los observadores de los asuntos públicos la fijación del presidencialismo del pasado como racional para entender el presente. Hay dificultad para comprender la naturaleza del nuevo régimen político. Es recurrente la inclinación para que el paradigma tradicional presidencialista se sobreponga. Como tal uno de los asuntos que más se dificultan entender es la relación de la presidenta Sheinbaum con el líder moral del proyecto político en curso, Andrés Manuel López Obrador. Existe una insistencia que raya en la necedad sobre la supuesta diferencia que media entre los dos; para eso se suele recurrir a episodios del presidencialismo y con ello anticipar la ruptura. No hay tal y difícilmente la habría.
Consecuente con la errónea caracterización del régimen se hace presente una imaginaria disputa entre López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum en la selección de candidatos a gobernador. No hay tal. La postura es única una vez que se toma la decisión. No existe diferencia más allá de la competencia entre aspirantes y del inevitable fuego amigo y sus consecuencias. La cohesión en la cúpula es cuestión de supervivencia y por ahora todos participan de tal convicción.
Hasta antes del lunes Morena había seleccionado candidatos en cinco estados. Común en ellos la circunstancia política de que no había mayor dificultad para definir al o la candidata. Incluso, en Sinaloa la situación se resolvió a partir de la propia gravedad de la crisis y del fallido regreso del gobernador Rocha Moya al cargo.
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