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En el marco del 45º Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López, se presentó la compañía Última Vez, dirigida por Wim Vandekeybus, con la obra VOID, proveniente de Bélgica. La función tuvo lugar en el Teatro de la Paz, donde durante casi una hora y media el público presenció un viaje dancístico hacia los mundos interiores del ser humano.

El escenario fue sencillo, pero lleno de significados. Cada objeto cobraba sentido gracias a la interacción con los cuerpos de los bailarines, mientras que las percusiones —único acompañamiento sonoro— se convirtieron en un elemento esencial. Los ritmos, a veces semejantes a latidos cardíacos o sonidos estomacales (ruidos peristálticos), generaron un ambiente de tensión y ansiedad que acompañó el desarrollo escénico.

El elenco, conformado por intérpretes de distintas nacionalidades —Iona Kewney (Escocia), Lotta Sandborgh (Suecia), Cola Ho Lok Yee (Hong Kong), Paola Taddeo (Italia), Adrian Thömmes (Alemania) y Hakim Abdou Mlanao (Francia)—, fue citado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Desde su fundación en 1986, Última Vez ha sido una plataforma interdisciplinaria que desafía las expectativas de la danza contemporánea mediante el trabajo colaborativo de artistas de todo el mundo.

En VOID se aprecia el uso de los tres niveles del movimiento definidos por Rudolf Laban, uno de los teóricos más influyentes en la danza y la expresión corporal: el nivel bajo, cercano al suelo y asociado a la conexión con la tierra; el nivel medio, correspondiente a la posición erguida, donde el cuerpo se relaciona con otros cuerpos y objetos; y el nivel alto, donde predominan los saltos y elevaciones que aportan dinamismo y contraste escénico.

Los intérpretes mostraron una plena empatía kinestésica, concepto que John Martin (1965) describió como la conexión somática que permite sentir y comprender el movimiento de otros cuerpos. Esta empatía, según Marín (2024), “se extiende a otros niveles en los que entran en juego el lenguaje y la construcción de símbolos” (p. 32).

La obra VOID tiene una fuerte influencia del Tanztheater, o danza-teatro, corriente impulsada por Pina Bausch y Martha Graham, quienes integraron elementos teatrales y emocionales al lenguaje corporal. En esta propuesta, los bailarines no sólo se expresan con el movimiento: hablan, gritan, interactúan con objetos y con el público, lo que refuerza la narrativa escénica.

Asimismo, la pieza refleja rasgos de la danza posmoderna, donde cualquier movimiento —por mínimo o cotidiano que parezca— puede ser considerado danza. Un ejemplo claro fue la interacción con el público: una bailarina se acercó a un espectador y, con un objeto que simulaba un estetoscopio, escuchó los latidos de su corazón. Luego colocó el aparato en su abdomen para amplificar los sonidos internos, creando un momento de tensión que culminó con una acción teatral intensa: la bailarina blandió un cuchillo en el aire mientras otro intérprete descendía del escenario para controlarla.
VOID es una danza provocativa, con personajes duales que transitan entre la fragilidad y la fuerza. El vestuario, sencillo y ligero, resalta la potencia física de los bailarines y permite apreciar la energía con la que habitan el escenario. Una de las escenas más impactantes ocurre cuando los intérpretes comienzan a inflar globos. El público contiene la respiración ante el suspenso del sonido creciente, hasta que una bailarina infla el suyo más allá del límite: el globo explota con un estallido que provoca sobresalto. Este gesto simple, pero cargado de simbolismo, representa la presión interna del cuerpo y del alma, la tensión que crece hasta romperse.
El público potosino respondió con interés y curiosidad ante esta propuesta contemporánea, rompiendo el paradigma de que sólo los espectadores especializados disfrutan este tipo de danza. Tras 45 años de historia del Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López, la presencia de Última Vez demuestra que la danza sigue viva, en constante transformación, y que aún puede sorprender, inquietar y emocionar.
Más allá del virtuosismo técnico, VOID invita a mirar hacia adentro, a escuchar los propios latidos, a sentir cómo el cuerpo —en su vulnerabilidad y potencia— sigue siendo el punto de encuentro entre lo humano y lo artístico.
Referencias
Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. (2024). Wim Vandekeybus y la compañía Última Vez presentan VOID, un viaje dancístico a mundos interiores. INBAL.
Marín, D.. (2024). Hacia una danza posthumana: Encarnando lo artificial. Editorial Utopía.
Martin, J. (1965). Introduction to the Dance. Dance Horizons.





