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“El “ser nacional” se forma en la historia y en la experiencia colectiva; por eso la escuela es un lugar clave para forjar identidad y responsabilidad cívica” (Revueltas, 1977)
El mes de septiembre, al que llamamos mes de la patria, es propicio para recordar a nuestros héroes y los hechos que han marcado la historia de México. Una de las mejores formas de hacerlo es a través de la educación. Cada lunes, desde hace décadas, se realizan los honores a la bandera: se venera el lábaro patrio, se canta el Himno Nacional y se recuerdan las efemérides. Esta ceremonia es de carácter obligatorio, según la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, en sus artículos 14 y 15, donde se establece que las instituciones educativas deben rendir honores a la bandera los lunes, al inicio de labores escolares o en fechas conmemorativas (Congreso de la Unión, 1984).
Los honores a la bandera comenzaron a practicarse en las escuelas desde el fin de la Revolución Mexicana, y adquirieron forma oficial durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, fue hasta 1981, en el sexenio de José López Portillo, cuando se instituyó su obligatoriedad mediante el Decreto Presidencial 245, publicado el 19 de enero de ese año. El decreto estableció que estas ceremonias debían realizarse los lunes en planteles de educación primaria y secundaria, con el objetivo de fortalecer los valores patrióticos desde la infancia, utilizando la escuela como espacio idóneo para cultivar el respeto hacia los símbolos nacionales (Diario de Tabasco, 2025).
Desde entonces, este decreto se ha complementado con manuales de ceremonias cívicas publicados por instancias federales y estatales, que norman la estructura y ejecución del acto. La globalización, aunque ha traído beneficios en la comunicación y en la vida cotidiana, también representa el riesgo de diluir los valores identitarios. De ahí que el ritual cívico cobre relevancia: se compone del saludo a la bandera, el juramento, el canto del Himno Nacional y una segunda parte que incluye dramatizaciones históricas, bailables representativos, poesías alusivas o la lectura de efemérides, como lo señala Quezada (2009) al describir las ceremonias cívicas escolares como ritos de identidad.
Otro elemento importante de los honores a la bandera es la participación en la escolta. Ser abanderado o formar parte de ella otorga estatus entre los alumnos y despierta sentimientos de orgullo, envidia o incluso frustración. La escolta, compuesta generalmente por seis estudiantes, recibe la bandera y desfila con ella frente al alumnado en formación, mientras todos permanecen de pie, en silencio y en posición de saludo como muestra de respeto (Quezada, 2009).
Los honores a la bandera no solo cumplen una función ceremonial, sino que también representan un espacio de socialización y encuentro entre maestros, alumnos y, en ocasiones, padres de familia. Los patios centrales, auditorios o explanadas de las escuelas se convierten en puntos de reunión donde se fortalece la conciencia cívica. Para los jóvenes normalistas, este acto se vincula directamente con su formación académica: en la asignatura de Formación Cívica y Ética se busca “fomentar valores patrios hacia la nueva nación, a través de la creación de símbolos y héroes que favorezcan la identidad nacional; además de instruir a la población acerca de las reglas urbanas y las normas de convivencia social” (SEP, 2011, p. 43).
Recordemos que los símbolos nacionales no son simples ornamentos, sino parte de nuestra memoria colectiva. Los honores a la bandera, lejos de ser una rutina, nos recuerdan que la patria se construye todos los días en los patios de las escuelas, entre himnos, voces infantiles, juveniles y el respeto compartido. Quizá ahí, en esos lunes de ceremonia, se siembre el orgullo de ser mexicanos y la esperanza de un futuro con raíces firmes.
Referencias
Congreso de la Unión. (1984). Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. Diario Oficial de la Federación. http://www.diputados.gob.mx
Diario de Tabasco. (2025, 8 de septiembre). Manual de ceremonias cívicas en las escuelas. Sección Cultura.
Quezada, M. J. (2009). Las ceremonias cívicas escolares como ritos identitarios. Revista Mexicana de Investigación Educativa, XXXIX(1-2), 193-233.
Revueltas, J. (1977). México, democracia bárbara: Posibilidades y limitaciones del mexicano (cap. “El mexicano y su ser nacional”). Editorial Posada.
Secretaría de Educación Pública (SEP). (2011). Plan de estudios 2011. Educación básica. Formación cívica y ética. Dirección General de Desarrollo Curricular (DEGESUM)





