Palabras y juicios irredentes
La noche del 8 de marzo, el sacerdote Juan Manuel Zavala terminó de oficiar la misa dominical en la región de Mezcalapa, Chiapas. Vicario de un extenso territorio parroquial, intentó regresar al curato a bordo de su Jetta negro, pero nunca llegó. Fue reportado como desaparecido pocas horas después; al amanecer, sus pertenencias y su cadáver fueron hallados en otro municipio, a cinco kilómetros en línea recta, pero accesible solo por un camino que serpentea entre colinas.
Como siempre, habrá expresiones de condena y exigencias de investigación para esclarecer esta triste noticia: un nuevo caso de un ministro de culto que pierde la vida en misteriosas circunstancias. Es probable, sin embargo, que no haya mucho seguimiento, como lo han demostrado décadas de registros del Centro Católico Multimedial, donde los asesinatos y desapariciones de sacerdotes suelen terminar en el olvido antes que en la justicia.
Sin embargo, las comunidades religiosas sí pueden hacer mucho frente a esta realidad. Por ejemplo, tras los hechos violentos del 22 de febrero, luego de la captura y posterior muerte del líder del CJNG, Nemesio Oseguera ‘El Mencho’, la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPS-Cáritas) activó su protocolo de atención y acompañamiento a diócesis afectadas por narcobloqueos y actos vandálicos.
El equipo de apoyo estableció contacto con las Cáritas diocesanas y agentes de pastoral social de todo el país, especialmente con las diócesis más golpeadas, con el objetivo de brindar apoyo psicoemocional ante el clima de tensión, miedo e incertidumbre que generaron estos hechos.
Estos encuentros son espacios seguros de escucha, oración y cuidado integral, cuyo objetivo es construir paz desde cada territorio. Pero también forman parte de un protocolo más amplio: una metodología de intervención sistémica impulsada por la Iglesia en México para favorecer la seguridad de ministros, fieles y personal parroquial.
El protocolo busca integrar las interrelaciones sociales de la parroquia: ministros, familias, instituciones y grupos comunitarios, así como las dinámicas económicas y culturales del territorio. La CEPS recomienda abordar la seguridad parroquial en siete momentos: diagnóstico sistémico, definición de objetivos, movilización comunitaria, diseño de estrategias, implementación, evaluación y consolidación.
Para atender situaciones de inseguridad, crimen y riesgos en la comunidad parroquial, primero se requiere un diagnóstico que comprenda la situación real local, mediante recolección de información sobre actos de violencia o delincuencia.
En un espacio de confianza, la comunidad debe compartir información sobre frecuencia, lugares, horarios y modus operandi de los delitos, así como identificar actores clave de la zona: vecinos, policías, líderes comunitarios, comerciantes y jóvenes en riesgo.
El análisis comunitario también debe evaluar la confianza vecinal y la percepción de la autoridad, además de revisar los recursos de seguridad existentes, como comités vecinales, cámaras de vigilancia o programas municipales de seguridad.
Solo entonces se pueden implementar estrategias concretas para prevenir el delito, fortalecer la confianza vecinal y proteger a la comunidad. En muchos casos, estas medidas reducen oportunidades para desapariciones, agresiones u otros delitos graves.
Que parroquianos y fieles conozcan y asuman un protocolo mínimo de seguridad se ha vuelto imperativo para las comunidades en México. Es necesario involucrar a vecinos, comerciantes, líderes locales y autoridades en comités de seguridad, que permitan dar seguimiento a temas que impactan el bienestar local.
Entre ellos destacan mejorar iluminación, limpieza, señalización, prevención de la violencia, espacios deportivos para jóvenes y restaurar la confianza con la policía.
La muerte del religioso Zavala, como la de cientos de líderes comunitarios en el país, obliga a las estructuras intermedias de la sociedad a impulsar cambios locales de largo plazo.
Existe otra opción que seduce a los desesperados: la intervención con fuego y balas por parte de agentes de poder nacionales o internacionales. Pero sus resultados suelen ser pírricos, efímeros y macabros.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe





