Palabras y juicios irredentes
Por encima de la superficialidad del Mundial de Fútbol 2026 y del Mundialito Escolar, hay un campeonato más profundo jugándose en México, donde lo que se disputan son los cuerpos, la sangre, la salud, el futuro y la vida misma de las niñas, niños y jóvenes, el cual contienden las instituciones, organizaciones de la sociedad civil, padres de familia y ciudadanos que buscan mejorar el porvenir de las generaciones en formación de nuestra nación, en choque irreconciliable respecto a la ambición de la delincuencia organizada y sus tentáculos, incluyendo su perversa narco cultura.
Las escuelas más vulnerables de México son las rurales, indígenas y unitarias, ubicadas en municipios con alta presencia del crimen organizado. Sus comunidades escolares son exactamente las que, en ese marco contextual, son revictimizadas por carecer de infraestructura deportiva, por contar con menos maestros de educación física certificados o carecer completamente de ellos, de tener menos acceso a programas como el Mundialito y menos aún, de contar con protección institucional para sus estudiantes y maestros.
El deporte escolar en México padece muchas omisiones históricas que los anuncios verticalistas no resuelven. Es preciso nombrar algunas de ellas:
El 4 de marzo de 2026, las autoridades estatales anunciaban desde el corazón de la Tierra Caliente, uno de los territorios más violentos de México, que más de 7 mil escuelas michoacanas participarían en el Mundialito Escolar 2026 y que casi 5 mil estudiantes recibirían cuatro gigabytes de internet gratis al mes.
Ese mismo día, en los municipios de Aguililla, Coalcomán y Chinicuila, a pocas horas de distancia en carretera, las escuelas seguían cerradas. Los niños no estaban en las canchas. Estaban en casa, detrás de las puertas, esperando que el silencio entre las ráfagas se prolongara lo suficiente para poder salir.
Este es el Michoacán de 2026: uno donde el Estado “apuesta” por el deporte como semillero de paz y otro donde simplemente no llega. Dos michoacanes que coexisten en el mismo mapa, pero que pocas veces aparecen en el mismo párrafo del periódico, porque uno aparece en las inserciones pagadas y el otro, en el más visible de los casos, en la nota roja.
Es importante decirlo: el deporte escolar y la activación física, más que política de salud o de entretenimiento son política de supervivencia y sostenibilidad de nuestra sociedad. Hecho que, en Michoacán, así como en los estados más golpeados por el crimen organizado, la cancha puede ser el espacio que salva una vida o el espacio que se rinde ante quien tiene el arma.
Las siguientes cifras expresan el diagnóstico de un país que le ha fallado al cuerpo de su infancia de dos maneras simultáneas: privándola de movimiento físico y entregándola al movimiento de las organizaciones criminales. Ambas formas de violencia se retroalimentan. El niño que no tiene cancha, ni maestro de educación física, ni liga deportiva en su comunidad es el mismo niño que tiene más probabilidades de ser abordado por un reclutador a la salida de la escuela. Y eso, cuando todavía va a la escuela.
• Entre 30 mil y 40 mil menores son reclutados anualmente por el crimen organizado en México, según la organización Reinserta.
• La REDIM estima que entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de ser cooptados.
• El reclutamiento comienza desde los 9 a 11 años.
• Entre 2023 y 2024 el número de menores probablemente víctimas de reclutamiento forzado aumentó 20.6% a nivel nacional, al pasar de 899 a 1,084 casos detectados, según la REDIM.
• Michoacán ocupa segundo nacional en crímenes contra niñas, niños y adolescentes: 120 menores asesinados en el ciclo escolar 2024-2025.
• De cada 100 niñas y niños que ingresaron a primaria en Michoacán en 2010, se estima que solo 18 concluirán sus estudios superiores en tiempo y forma.
Subrayémoslo: la actividad física regular en la infancia y adolescencia está asociada a menor impulsividad, mayor regulación emocional, mejor rendimiento académico y menor riesgo de consumo de sustancias. En contextos de violencia, el deporte organizado ofrece algo que el crimen organizado también ofrece y que el Estado rara vez garantiza: pertenencia, identidad grupal, estructura de tiempo y un adulto que te da instrucciones y se preocupa por ti.
Cuando una escuela en Tierra Caliente tiene una liga de futbol activa, un maestro de educación física presente todos los días y una cancha techada donde los niños pueden jugar incluso bajo la lluvia, ese espacio compite directamente con el modelo de reclutamiento del crimen organizado. Cuando no lo tiene, cuando la cancha es un patio de tierra sin porterías y el maestro de educación física visita la escuela cada quince días, el vacío lo llena quien tenga la siguiente oferta más atractiva para un adolescente sin horizonte visible.
El Mundialito Escolar 2026 es una apuesta institucional válida. Pero un torneo no es una política pública. Una política pública tiene presupuesto permanente, cobertura universal, enfoque diferenciado para los municipios en emergencia, protocolos de seguridad y evaluación de impacto.
Hay un argumento que pocas veces se hace explícito en la política educativa mexicana y que es necesario nombrarlo sin eufemismos: el cuerpo de los jóvenes michoacanos es un territorio en disputa.
El deporte no va a ganar esta guerra solo. Pero sin el deporte para todos, sin el movimiento del cuerpo, sin la cancha, sin el compañero de equipo, sin el árbitro y sin el maestro que grita tu nombre cuando marcas un gol, la guerra la estarán ganando ellos.
Solo con políticas públicas verdaderas: integrales, transversales, presupuestadas y permanentes, podrá superarse esta oscura etapa de la historia nacional.
¡Merecemos un gobierno educador!





