Palabras y juicios irredentes
El secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, sorprendió a los economistas con el anuncio de que los programas de inversión pública y con inversión privada podrían llevar al Producto Interno Bruto de 0.7% en 2025 a 3% o más en 2026.
Pero la realidad económica tiene otros datos: las inversiones privadas y públicas no tienen efectos productivos al día siguiente de darse a conocer en una conferencia mañanera, sino que tardan en cristalizar quizá hasta más allá de cinco años.
A ellos se agrega la advertencia más importante: el PIB en México no representa una meta social y hasta demagógica, sino que por compromisos firmados con el Fondo Monetario Internacional el crecimiento económico es básicamente un ancla inflacionaria. Mover el PIB más allá del 2.5% anual implicaría efectos negativos en los precios y la inflación impactaría de manera directa a la devaluación.
A las cifras del PIB se agregó la danza de cifras del secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, de cientos de miles de millones de pesos de inversiones privadas que estarían ya irrumpiendo en la economía. Pero los verdaderos empresarios no deciden inversiones a cambio de una foto en Palacio Nacional, sino en función de estructuras productivas y fiscales que les garanticen cumplir con el ciclo de inversiones-utilidades.
Después del impulso que le dio a la economía privada el Pacto por México del presidente Peña Nieto y su alianza con el PAN y el PRD al iniciar su sexenio en diciembre 2012, el populismo de López Obrador en 2018 desdeñó el papel de las inversiones privadas y echó a andar aumentos salariales que impactaron el costo de producción privado, una persecución del SAT contra los empresarios y promesas incumplidas de proyectos contracíclicos de infraestructura que sirvieron solo para difundirse en medios pero nunca se concretaron en la economía real.
En consecuencia, el promedio de PIB anual del sexenio de López Obrador fue de 0.9%, no el 2% en 2019-2020, 4% en 2021-2022 y 6% en 2023-2024, para hacer cuando menos como promesa de campaña un promedio anual sexenal de 4%, abajo del 6% promedio anual que logró el periodo populista 1934-1982.
El segundo sexenio de la 4T ya le bajó una rayita a las expectativas de crecimiento económico y lo ubica en un modesto 3%, pero a partir de las expectativas reales de que la economía tendría que crecer 4% promedio anual para atender la demanda de empleo formal, salarios y prestaciones del poco más del millón de mexicanos que se incorporan cada año a la población económicamente activa, y que el copetito de 2% adicional buscaría responder al desempleo y la informalidad acumulados por el estancamiento de 1983 al 2024.
La vigente política económica neoliberal de México, impuesta desde 1976 por el Fondo Monetario Internacional y revisada cada año con Cartas de Intención de Política Económica, se basa en mantener baja la inflación, pero con la circunstancia agravante de que los precios no se controlan por una economía dinámica, sino por tres instrumentos autoritarios del Fondo: PIB bajo, salarios que no se conviertan en costo de producción y disminución del gasto social improductivo no respaldado por ingresos fiscales sanos.
La meta de PIB del secretario de Hacienda y los recursos multimillonarios anunciados por el secretario de Economía no son buenas noticias, porque el aumento del PIB estaría generando desde ahora presiones inflacionarias.
Y en el caso del secretario Ebrard, falta conocer la percepción real de los empresarios que anunciaron inversiones y de los inversionistas extranjeros que dicen venir con capital. Desde la crisis de 1973, el neoliberalismo y el populismo benefician al Estado, no a una economía productiva sostenida por la inversión privada.
Los empresarios no van a invertir en México si el SAT los sigue acosando, si el gobierno regresa a controles de precios, si no existe un sistema judicial que defienda el estado de derecho, si los jueces son de bienestar, si las inversiones se anuncian como demagogia y si la inseguridad sigue chantajeando a la economía privada.
Si las metas de PIB e inversiones resultan ser ciertas, México podría estar esperando una tormenta perfecta de inflación.
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Política para dummies: la política es la antítesis de la economía, aunque la economía es la síntesis de la política.
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@carlosramirezh





