“Cuando haces cosas para tu propio beneficio estás en camino hacia el éxito; cuando las realizas para beneficiar también a los demás, vas camino a la inmortalidad”
Julián Díaz Hernández

SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 25 de abril de 2019.- Ha pasado menos de una semana, la herida no para de sangrar; las censuras abarrotan las redes en Internet, y las exigencias de justicia se suman una a otra. En los noticieros nacionales el crimen de Héctor Domínguez ha ocupado espacios (En punto, Televisa), y columnistas de diarios a ese nivel (Salvador Carmona, El Financiero) le han dedicado parte de sus líneas; solo por citar algunos.

Se ha convocado a manifestaciones públicas para pedir el esclarecimiento de los hechos, y la Secretaría de Cultura estatal ideó exposiciones itinerantes de su obra. En sus murales de Ciudad Valles y algunos municipios del interior de la huasteca potosina, las llamas de algunas veladoras siguen encendidas, en un paralelismo alusivo a la vigencia del reclamo social.

Al Gobierno del Estado no le ha quedado de otra que salir al paso, con un lacónico fiscal (Federico Garza Herrera), que no atina a dar una explicación convincente del porqué se le retiró la seguridad a Héctor, después de septiembre, tras el atentado a su integridad, que se sumó a la agresión a su obra, en julio de 2018.

Con un gobernador -Juan Manuel Carreras- que no “da una” desde hace un año, y que su imagen en declive no la salvan ni las porras pagadas en la huasteca potosina en los pasados actos presidenciales (Aquismón y Valles, 30 y 31 de marzo), la sociedad se mantiene incrédula ante un anuncio de indagación, que con una cuestionada policía investigadora tampoco ofrece muchas garantías.

Errático en la mayoría de sus intervenciones, el diputado morenista –coterráneo de Domínguez- Edson Quintanar, parece apenas atinarle un poco a la razón cuando (precisamente) acusa al Gobierno del Estado como el responsable del homicidio del pintor; y luego remata con señalamientos de incompetencia por la poca efectividad ante un creciente índice de la delincuencia.

En esa avalancha de cuestionamientos, el legislador le dio una repasada a la Policía Municipal de Valles, como parte de un Ayuntamiento tan independiente como inoperante en su conjunto, y al que no se le puede pedir demasiado cuando en esa surrealista forma de “gobernar”, se ha caracterizado por hacer las cosas a la inversa; y las bufonadas oficiales superan a los beneficios concretos.

En esa misma obligación de protegernos a todos, no queda exento el Gobierno Federal, a quien no solamente periodistas como Jorge Ramos le espetan en la cara al mandatario nacional las cifras negativas, sino que es la realidad misma la que muestra que no hay avances, por más que la “chairiza” endiosada insista –en modo zombi- defender a su mesías.

Dentro de toda la atmósfera de sobresalto que ha llevado a la pena y se sitúa ahora en la indignación colectiva, solamente hay algo que sorprende y –en cierta forma- halaga, aunque no alcanza todavía a reconfortar del todo: La avasalladora forma como nuestro artista ha ido del plano terrenal a la inmortalidad, y eso, es algo que ninguna cantidad de balas podrá cambiar.

(A la memoria de Héctor mi primera colaboración, y en exigencia de justicia).

Descansa en paz, Héctor Domínguez.