Reconocido de manera oficial; el Mayo era jefe político en Sinaloa
Durante sus conferencias de prensa matutinas de esta semana, la presidenta destacó el incremento histórico del 216% en las Becas del Bienestar desde 2019, alcanzando una cobertura de 22.8 millones de estudiantes este año. Bajo la premisa de que "todas las niñas y niños tienen talento", defendió la transición hacia un modelo de becas universales, criticando los esquemas anteriores que solo premiaban a alumnos con promedios altos, lo cual, según su visión, generaba brechas de desigualdad. Para sustentar este esfuerzo, anunció una inversión superior a los 140 mil millones de pesos destinada exclusivamente a programas educativos, reafirmando que el acceso a la educación pública es una responsabilidad prioritaria del Estado para garantizar que nadie abandone sus estudios por falta de recursos.
Asimismo, se resaltó el inicio de las asambleas informativas en escuelas primarias para la entrega de un apoyo anual de 2,500 pesos destinado a uniformes y útiles escolares, beneficiando a más de 8 millones de alumnos. Sheinbaum también vinculó estos apoyos con otros programas como "Jóvenes Escribiendo el Futuro" y la beca "Gertrudis Bocanegra", subrayando que el objetivo final es construir un "piso parejo" que permita a las familias mexicanas solventar los gastos básicos del ciclo escolar sin comprometer la estabilidad económica del hogar.
En el vocabulario de la política pública mexicana del más reciente septenio, pocas palabras han sufrido un desgaste semántico tan profundo como el término "beca". Lo que hoy se anuncia en plazas públicas y se dispersa en tarjetas bancarias dista mucho de la raíz histórica y el propósito económico de este concepto. Es urgente, desde la ciudadanía, hacer un alto para llamar a las cosas por su nombre: no todo dinero que se entrega a un estudiante es una beca, confundir términos tiene consecuencias graves para el futuro de la excelencia académica en México y, específicamente, en entidades federativas como Michoacán de Ocampo y sus comunidades marginadas.
Etimológicamente, la palabra proviene del latín medieval becca, referida a la banda de tela que distinguía a los colegiales y universitarios sobre sus hábitos. Portar la "beca" era una distinción, la cual implicaba que una institución confiaba en el potencial intelectual de un individuo y le otorgaba sustento para que se dedicara, en cuerpo y alma, al saber.
Entonces, ahora sí: una verdadera beca, en su definición técnica rigurosa, es una inversión en capital humano. Se caracteriza por la condicionalidad, ya que exige resultados; por la selección, basada en mérito o talento específico y, por la finalidad, el retorno social del logro académico y/o el conocimiento generado. Sin embargo, al analizar la oferta gubernamental actual, nos encontramos con que la "beca" ha sido suplantada por el "apoyo social".
Al contrastar la teoría con la práctica de los programas insignia del gobierno federal y estatal, la disonancia es evidente:
Podría parecer un debate puramente semántico, pero las palabras construyen presupuestos. Al etiquetar todo como "beca", el Estado mexicano ha priorizado la cobertura, para que nadie se quede fuera, sacrificando la calidad, la excelencia y el mérito. Pero ni todos están dentro, ni se asegura impactar en indicadores de cobertura, como se ha demostrado. Doble problema.
Cuando el "apoyo social" absorbe un porcentaje elevado del presupuesto educativo, los costos de oportunidad se reflejan en los fondos para la investigación, para los posgrados, para la ciencia de frontera y para premiar al estudiante que, viniendo de abajo, se esfuerza el doble. Así, se ha creado la percepción de un piso parejo, pero estamos demoliendo el techo.
Propuestas.
Sin duda, los apoyos sociales son vitales en un país desigual, pero deben contar con orden y visión de futuro. Por ello, es importante hacer ajustes al respecto:
El dinero público es sagrado porque viene del esfuerzo de todos. Si vamos a gastarlo en el futuro, asegurémonos de que estamos construyendo ciudadanos, profesionistas, críticos e íntegros; porque existe el riesgo de reducirlos a clientes electorales dependientes de una transferencia.
Es hora de devolverle a la palabra “beca” su dignidad y su propósito. Y que los apoyos sociales sean realmente para todos, asegurando que nadie se quede fuera de la escuela. ¡Merecemos un gobierno educador!
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