El Listón Amarillo
Teresa Gil
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Pues todo parece indicar, en el Día Internacional de la Alfabetización, que no andamos tan mal en ese rubro. Y que se nos cataloga a nivel mundial en 93.7 por ciento de personas que saben leer y escribir. Y creemos que la cifra de conocimiento supera a la fijada a nivel internacional, porque aquí se maneja el 3.95 de personas analfabetas de 15 años en adelante, lo que fijará en realidad el porcentaje mundial en 96.05 por ciento.
Un gran logro en un mundo en el que todavía la UNESCO menciona entre 758 y 760 millones de analfabetas y lo fija en 14 por ciento a nivel mundial. Todas son cifras cambiantes.
En análisis que exhibe la UNESCO del alcance que tienen los países en el mundo, partiendo de los 193 de la ONU, son unos cuantos los que tienen el ciento por ciento de alfabetizados: Noruega y Finlandia, y el Vaticano, con muy poca población en este.
La verdad es que, si algunos grandes países no tienen esa cifra, es por la enorme cantidad de gente que tienen, y uno de esos países es China, con 96.4, frente a una Venezuela ahora usurpada por Estados Unidos, con 97.2, logrado por sus anteriores dos gobiernos.
Mientras países muy fifís como Estados Unidos, Alemania, Francia, Suecia y Japón tienen 99.0 de alfabetizados, la radiante Cuba tiene el 99.8 por ciento de gente que lee, escribe y da lecciones diarias en su vida.
Italia tiene 99.2, igual que los sudamericanos Argentina y Uruguay, los más altos en nuestro continente. En Argentina está el peligro de Milei para un retroceso.
En el caso de México hay grandes avances y el porcentaje de personas que carecen del conocimiento elemental son apoyados por el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).
Lo lamentable, y se trata de subsanar en dicho organismo, es que el número más alto de analfabetas, dentro de ese porcentaje, es de mujeres. Estas representarían las dos terceras partes de los analfabetas que tiene México y ese es el desafío en este momento, dentro de la satisfacción de que el porcentaje nuestro a nivel mundial tenga tan altas calificaciones.
Hay buenas noticias, por eso nos permitiremos ignorar la broma de siempre: decirle burros a los ignorantes.
Porque la grandeza del intelectual que fue el Nobel Juan Ramón Jiménez es que logró demostrar, en esa larga convivencia con su burro Platero, que la inteligencia del animal, a veces, superaba en mucho al ser humano.
Los análisis al respecto son claros. Es falso en su totalidad señalar que un burro es tonto o torpe. La forma de actuar de un animal de este tiempo, en comparación con el caballo, ha creado un esquema que se convirtió prácticamente en clásico, aunque siempre se mencione como una broma.
Pero, de acuerdo con análisis de expertos, un burro no solo es de gran inteligencia, sino que la aplica de una manera diversa a otros animales, como en el caso de peligro. Cuando muchos huyen, él se queda estático hasta que pasa el peligro.
Se menciona su actitud en el campo frente a los portales, que tiende a abrirlos, y la memoria con la que recuerda durante más de 25 años un camino, por ejemplo. Es prudente y cauteloso, tiene una inteligencia adaptativa y fuerte sentido de la preservación, se sostiene.
El conocimiento, pues, también se da en los animales y es clásico.