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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 28 de julio de 2026.- Encontrar un espacio para estacionarse en San Luis Potosí ya no siempre significa buscar un lugar libre, pagar parquimetro o pagar un estacionamiento público. En distintas zonas de la capital, cada vez es más frecuente que aparezcan los llamados franeleros o "viene viene", personas que apartan lugares con cubetas, piedras, sillas o tambos para posteriormente solicitar dinero a quienes desean utilizar un espacio que, por tratarse de la vía pública, pertenece a todas y todos.
El fenómeno no se limita a las calles. En estacionamientos de plazas comerciales, supermercados y otros establecimientos también se han multiplicado personas que ofrecen todo tipo de servicios informales de lavado de vehículos o aplicación de productos para faros y pintura que, en algunos casos, terminan en cobros inesperados y el desacuerdo y malestar de los clientes.

Recientemente, una familia denunció en redes sociales haber sido víctima de un presunto cobro excesivo en un autolavado de la plaza Citadina, donde un servicio que inicialmente les fue ofrecido en 150 pesos terminó con un pago de 2 mil pesos, luego de que, según su testimonio, le aplicaran a su vehículo productos adicionales cuyo costo nunca fue informado con claridad.
A este tipo de casos se suman las quejas cada vez más constantes por la insistencia de personas que venden limpiadores para el parabrisas o quienes persiguen a los clientes para ofrecer lavar el vehículo mientras realizan sus compras o de los muy conocidos limpia parabrisas, que laboran en cruceros y te “caen encima” sin que exista una solicitud del conductor.

Otro de los reclamos recurrentes es la presencia de personas que apartan lugares de estacionamiento en la vía pública para después cobrarlos, principalmente durante eventos deportivos, conciertos o en zonas de alta afluencia, donde colocan objetos para impedir que vehículos ocupen los espacios disponibles, incluso frente a domicilios particulares.

Aunque estos personajes forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad y representan una fuente de ingresos para quienes las realizan, crece también el debate sobre los límites entre el trabajo informal, la apropiación del espacio público y la posible afectación a los derechos de peatones y automovilistas.
Pero, ¿quién regula estas actividades? ¿Es legal apartar lugares en la calle? ¿Qué facultades tienen los ayuntamientos para retirarlos? ¿Existen permisos para quienes ofrecen estos servicios? ¿Cuántas quejas reciben las autoridades por cobros abusivos?
Al final, se trata de un fenómeno que se puede abordar desde distintos ángulos: la regulación del espacio público, los derechos de consumidores y automovilistas, la actuación de las autoridades y la realidad de quienes encuentran en estas actividades su principal o única, fuente de sustento.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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