Finiquito, liquidación e indemnización: ¿cuál es la diferencia?
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 2 de marzo e 2026.- En México, el mercado laboral continúa reflejando desigualdades persistentes entre mujeres y hombres. A pesar de avances normativos y del discurso institucional en favor de la igualdad, los indicadores muestran que las brechas en participación, ingresos, informalidad y acceso a posiciones de liderazgo siguen siendo profundas.
De acuerdo con datos de México ¿Cómo Vamos?, la tasa de participación laboral a nivel nacional en el tercer trimestre de 2025 fue de 59.5%. Sin embargo, la diferencia por sexo sigue siendo significativa: mientras que 75.1% de los hombres forma parte de la fuerza laboral, solo 45.72% de las mujeres lo hace.
En términos prácticos, más de tres de cada diez mujeres en edad de trabajar permanecen fuera del mercado laboral formal o informal.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) documenta que entre 2005 y 2023 la participación femenina apenas pasó de 41% a 46%. De mantenerse ese ritmo, la paridad podría tardar más de un siglo en alcanzarse.
Brecha salarial: desigualdad dentro y fuera de la formalidad
La diferencia en ingresos es otro reflejo de la desigualdad estructural. Con base en datos del INEGI, el IMCO estima que las mujeres perciben en promedio 35% menos que los hombres. Es decir, por cada 100 pesos que gana un varón, una mujer recibe alrededor de 65.
Esta brecha no responde únicamente al tipo de ocupación. Factores como la interrupción de trayectorias laborales por cuidados, la segregación ocupacional y los techos de cristal en posiciones directivas influyen de manera determinante en la diferencia salarial.
Trabajo no remunerado: doble jornada invisible
El INEGI advierte que la distribución del tiempo es uno de los factores centrales en la desigualdad laboral. Las mujeres destinan 66.8% de su tiempo de trabajo total a actividades no remuneradas —tareas domésticas y de cuidado— mientras que los hombres dedican 33.2%.
En promedio, las mujeres trabajan 61.1 horas a la semana al sumar labores remuneradas y no remuneradas, 3.1 horas más que los hombres.
Esta doble jornada limita las posibilidades de capacitación, ascenso y movilidad laboral, y refuerza ciclos de dependencia económica.

La informalidad laboral continúa siendo un reto estructural para el país. En el tercer trimestre de 2025, la tasa de informalidad fue de 55.9% para mujeres y 55.0% para hombres.
Aunque la diferencia porcentual es menor, el impacto es profundo: millones de mujeres trabajan sin acceso a seguridad social, prestaciones, estabilidad contractual o protección ante riesgos laborales.
La informalidad no solo afecta el ingreso inmediato, sino también las posibilidades de pensión y acceso a servicios de salud a largo plazo.
Las mujeres siguen concentradas en sectores de menor remuneración y menor crecimiento. Un ejemplo es el trabajo doméstico remunerado, donde 96.3% de las personas ocupadas son mujeres, en un sector caracterizado por bajos salarios y alta informalidad.
La segregación ocupacional reproduce desigualdades y limita el acceso femenino a industrias estratégicas como tecnología, ingeniería o sectores de alta productividad.
Barreras culturales y discriminación
Más allá de los indicadores económicos, persisten barreras sociales. Organizaciones civiles reportan que tres de cada diez mujeres han enfrentado algún tipo de violencia o discriminación en el ámbito laboral, incluyendo brecha salarial, obstáculos para ascensos y condiciones desiguales.
Las normas culturales que asignan el cuidado principalmente a las mujeres siguen condicionando su desarrollo profesional y su permanencia en el mercado formal.
Un reto vigente en el marco del 8 de marzo
En el contexto del Día Internacional de la Mujer, los datos revelan que la igualdad en el mercado laboral mexicano continúa siendo una tarea pendiente.
Reducir la brecha de participación, redistribuir el trabajo no remunerado y ampliar la formalización del empleo son elementos clave para transformar el panorama actual.
El desafío no es únicamente estadístico, implica políticas públicas con perspectiva de género, corresponsabilidad social en el cuidado y cambios culturales profundos que permitan construir un mercado laboral más equitativo y sostenible.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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