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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 28 de septiembre de 2026.- El Pueblo Mágico de Xilitla ya se erigía entre misticismo antes de esa denominación, se lo dio un personaje que permitió inmortalizar la selva, la niebla, los jaguares y pozas de su jardín surrealista en novelas, postales turísticas o el recuerdo colectivo: el inglés, Edward James.
La suya, es sin duda una de las grandes obras artísticas construidas en la Huasteca potosina y destaca en todo el mundo, pero para el escritor Martín Solares existe una posibilidad mucho más profunda: entrar en sus secretos y descubrir las historias que se esconden detrás de cada una de sus esculturas.
Esa búsqueda le llevó 20 años y terminó volviéndose tangible en Una noche en la selva, novela en la que el narrador tamaulipeco reconstruye, desde la literatura, el universo de James y la historia del jardín que el poeta, mecenas y coleccionista inglés levantó en medio de la serranía xilitlense.
En una entrevista exclusiva con Quadratín San Luis Potosí, Solares recuerda que su primer acercamiento con Xilitla no ocurrió en San Luis Potosí, sino en París, en 2003, cuando tenía 31 años y visitó una exposición retrospectiva del surrealismo en el Paláis. La última sala estaba dedicada precisamente a Xilitla y Edward James. Hasta entonces, los rumores que había escuchado sobre aquel lugar le parecían casi una leyenda: un millonario inglés instalado en un bosque de niebla, esculturas escondidas y un jardín al que pocos habían podido entrar.
Al regresar a México decidió comprobarlo por sí mismo. Viajó a San Luis Potosí y de ahí a Xilitla, donde permaneció cinco días dedicado a reconstruir la historia del jardín, de sus esculturas y, sobre todo, del hombre que había decidido levantar aquella obra en uno de los lugares más apartados de estos lares.
“Ese fue mi deseo durante 20 años, 20 años estuve trabajando en este libro”, explica el escritor al recordar el origen de Una noche en la selva.
Para Solares, entender Xilitla exige desprenderse de la mirada superficial. El jardín, sostiene, debe observarse por capas, como un territorio en el que confluyen distintas sensibilidades y momentos de la vida de Edward James.
Una de esas primeras capas nació del dolor. James había sembrado alrededor de 50 mil orquídeas con la intención de llevarlas después a la Ciudad de México y compartirlas con sus amistades, como Leonora Carrington, pero el fantasma llamado La Helada acabó con ellas. “¡Se murieron mis 50 mil niñas!”, habría dicho el inglés al encontrarse con la devastación.
De aquella pérdida surgió, según la investigación de Solares, la primera gran escultura de concreto, concebida como una suerte de monumento a las orquídeas desaparecidas. Después vendrían nuevas construcciones, nuevos caminos y nuevas obsesiones artísticas que se fueron acumulando conforme James viajaba entre San Luis Potosí y Europa.
Un homenaje a Max Ernst, otro a Madrid, referencias a la arquitectura gótica bajo la cual había crecido y espacios concebidos para animales forman parte de ese universo en el que, asegura el escritor, ninguna pieza apareció simplemente por capricho.
“Cada una de las esculturas de Xilitla tiene una historia y tiene una razón de ser”, señala.
Y el jardín todavía guarda zonas que permanecen fuera de la mirada habitual. De las aproximadamente 40 hectáreas que comprende el sitio, explica Solares, las construcciones se encuentran concentradas en unas 10, mientras que en el resto del terreno pueden encontrarse vestigios de la actividad de Edward James, incluida una casa gótica alejada de las construcciones principales y otros rastros de aquella monumental aventura.
Para el escritor, la dimensión de lo realizado en Xilitla convierte su construcción en una verdadera epopeya artística, comparable con algunos de los grandes sitios creados por artistas tanto en América Latina como en Europa.
La propia naturaleza de la historia obligó a Solares a abandonar la estructura de la novela policiaca, género en el que ya había incursionado con cinco obras. Su intención inicial era escribir precisamente una historia policiaca ambientada en Xilitla, pero conforme avanzó en la investigación descubrió que la vida de Edward James era demasiado compleja para someterla a una estructura convencional.
Detrás de la arquitectura, las leyendas y la exuberancia del jardín, Solares encuentra tres fuerzas que, desde su perspectiva, explican la existencia de Xilitla: el amor, la búsqueda de la poesía y la búsqueda de la libertad personal.

“Quien visite el jardín de Las Pozas no sale como llegó, sale transformado en otra persona”, afirma el escritor.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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