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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 19 de octubre del 2025.- Las lluvias intensas que provocaron desbordamientos de ríos y afectaciones en varios municipios de San Luis Potosí no son solo consecuencia de un fenómeno natural aislado, sino el reflejo de una vulnerabilidad social acumulada durante décadas, advirtió el doctor Juan Alberto Velázquez Zapata, investigador del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT).
“El riesgo hidrometeorológico no depende únicamente de las lluvias. Tiene dos componentes: el fenómeno natural —como una tormenta— y la vulnerabilidad social de quienes lo enfrentan”, explicó el especialista en modelación hidrológica y gestión de riesgos.
Formado en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), la Universidad Laval de Quebec y el consorcio Ouranos, Velázquez subrayó que los llamados desastres naturales no son naturales, sino resultado de la interacción entre el medio ambiente y las decisiones humanas.
En semanas recientes, lluvias extraordinarias provocaron el desbordamiento de cuerpos de agua en zonas del Bajío potosino, aunque —según el investigador— lo realmente grave no fue la cantidad de precipitación, sino las condiciones estructurales y sociales en las que viven muchas comunidades.
“Los riesgos no son iguales para todas las personas; dependen de dónde viven, si tienen información sobre zonas de peligro, si hay alertas tempranas, si conocen sus propios territorios”, señaló.
Velázquez explicó que los riesgos se construyen con el tiempo, a través de prácticas como la compra de viviendas en zonas inundables, la deforestación o el crecimiento urbano desordenado, factores que aumentan la vulnerabilidad ante fenómenos previsibles.
El investigador lamentó que en México pocos municipios cuenten con planes de ordenamiento territorial y atlas de riesgo actualizados, herramientas fundamentales para identificar zonas peligrosas mediante estudios científicos combinados con conocimiento comunitario.
“Hacer un atlas de riesgo no solo es cuestión de estudios técnicos, también implica hablar con la gente, conocer su experiencia e identificar las estrategias que usan para adaptarse. Es un trabajo interdisciplinario y social”, explicó.
Agregó que la falta de coordinación institucional y de acceso a información en tiempo real limita el impacto de los sistemas de alerta temprana, pese a los esfuerzos de instituciones como Conagua para emitir pronósticos.
“Más que un error puntual, lo que vemos es una cadena de omisiones estructurales: gobiernos locales sin planeación, desarrollos inmobiliarios en zonas de riesgo y poca cultura de prevención. Es una responsabilidad compartida que debe enfrentarse con visión de largo plazo”, sostuvo.
Para el doctor Velázquez, el estudio de los riesgos hidrometeorológicos debe combinar la ciencia, la política pública y la participación comunitaria, para construir una verdadera resiliencia social ante fenómenos extremos.
“No basta con estudiar el fenómeno natural. Hay que entender cómo viven las personas, qué decisiones toman y qué condiciones estructurales las hacen más vulnerables. Solo así podemos construir resiliencia real”, concluyó.
La ciencia —insistió— ya ofrece herramientas para anticiparse: atlas de riesgo, ordenamiento territorial y sistemas de alerta. Lo que falta, dijo, es voluntad y coordinación para transformar ese conocimiento en políticas públicas que salven vidas y prevengan futuros desastres.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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