SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 13 de mayo de 2019.- Autoridades, brigadistas, voluntarios y comuneros arriban a primera hora al Centro de Mando Unificado que se ubica en el helipuerto del Parque Tangamanga I, todos con un mismo fin: colaborar en el combate al incendio de la Sierra de San Miguelito.

Grandes y chicos se apuestan en el predio, en donde suben y bajan los helicópteros que transportan a los expertos y no tan expertos, al lugar en donde el fuego ya arrasó con 7 mil 500 hectáreas.

La intensa jornada laboral para los brigadistas, entre voluntarios, miembros de la Conafor, Bomberos, Policía Estatal, Municipal y Sedena, inicia a las siete de la mañana y culmina pasadas las seis de la tarde, según relatan. En este grupo de personas también se aprecian algunas mujeres.

Después de casi de un mes de trabajo, el panorama empieza a despejarse. El fuego se aminora; no en cambio la fuerza y el valor de estos héroes anónimos, que no portan capa, pero que arriesgando su vida, intentan apagar las llamas.

Abajo, en un reducido espacio que apenas abarca tres toldos, se observan decenas de manos, empacando el almuerzo, las despensas, los víveres y colocando las botellas de agua en grandes tanques con hielo, para los que parten al combate.

La unión y solidaridad de los potosinos es evidente, coches entran y salen, otorgando ayuda; los pronósticos ya son alentadores, pero la guardia no baja.

En punto de las siete de la mañana las autoridades emiten las indicaciones; los brigadistas atentos, se preparan para partir, sin importarles los riesgos que podrían presentarse en el trayecto.

“Hay poner nuestro granito de arena”, dijo Patricia Rojas, una de las pocas mujeres que amarró su frazada azul que cuelga del cuello y se encuentra lista. “Vengo con mucho gusto a ayudar, no tengo miedo, hay que unirnos”, insistió.

Las horas avanzan y los esfuerzos se duplican, es necesario abatir en su totalidad el incendio que se resiste desde hace casi un mes.

Autoridades afirman que por tratarse de un año atípico, la situación se complicó, pero técnicamente el peligro está pasando.

Hay que salvar “el pulmón natural” de San Luis Potosí, coinciden.