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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 29 de octubre de 2026.- Si el 28 de octubre se enciende una vela para quienes partieron inesperadamente, el 29 se coloca un vaso de agua para recordar a quienes encontraron en ella su último destino. Entre flores, veladoras y fotografías, algunas familias mexicanas dedican esta fecha a las personas que murieron ahogadas en ríos, mares, lagos u otras circunstancias relacionadas con el agua.
En el silencio de los altares, el agua adquiere un significado especial: aliviar la sed de las almas después de su largo recorrido. Por eso, los vasos, las jarras y los recipientes llenos se convierten en una muestra de cariño para quienes, de acuerdo con la tradición, regresan simbólicamente a visitar a sus seres queridos.
Aunque el agua es un elemento presente en las ofrendas de Día de Muertos en general, durante esta fecha cobra un sentido particular en las comunidades que recuerdan a las personas fallecidas por ahogamiento.
Las familias también acostumbran colocar fotografías, flores de cempasúchil, veladoras, alimentos y bebidas favoritas de sus difuntos. En algunos hogares se incorporan objetos relacionados con el agua o recuerdos que evocan la vida de quienes ya no están.

Esta relación entre el agua y la muerte tiene antecedentes en las cosmovisiones prehispánicas. Entre los antiguos mexicas se creía que ciertas personas fallecidas por causas vinculadas con el agua tenían como destino el Tlalocan, un espacio asociado con Tláloc, deidad de la lluvia y las aguas, en lugar del Mictlán.
Con el paso de los siglos, distintas creencias indígenas se entrelazaron con las celebraciones católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, dando lugar a una diversidad de prácticas que hoy forman parte del Día de Muertos.
El calendario de llegada de las ánimas no es igual en todo México. La conmemoración del 29 de octubre para quienes murieron ahogados pertenece a determinadas tradiciones populares y puede cambiar según la región o la familia.
Sin embargo, el significado de la ofrenda permanece: recordar a quienes partieron y mantener un espacio para ellos entre los vivos.
Así, entre el resplandor de las velas y el aroma de las flores, un sencillo vaso de agua deja de ser un objeto cotidiano para convertirse en un gesto de memoria. Una forma de decirles a quienes se fueron que, sin importar cuánto tiempo haya pasado, en casa todavía hay un lugar para ellos.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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