Aeroméxico aterriza en Saltillo
Teresa Gil
Un recuerdo, aquel torito enamorado de la luna. Ahora, mucho se diluye en nuestra vida cuando algo bello y significativo nos aleja del mal. La belleza de la luna, ese esplendor que surge desde el cielo y nos acompaña a menudo, se convierte no solo en espectáculo, sino en dato de supervivencia, porque estamos vivos y volvemos a ver lo que hemos visto por muchos años y décadas.
En este momento crucial, cuando se mata a destajo en algunos lugares del mundo y nadie lo puede evitar; cuando se invaden países y se roba su riqueza; cuando se castiga a miles y miles de trabajadores que sirvieron por años y son expulsados de un país sin nada; cuando... así enumeraríamos multitud de asuntos.
Pero se busca el consuelo, aunque no el olvido, y en estos días de fin de mes el mismo pueblo ha creado una serie de celebraciones que parten de remembranzas y elevan el ánimo para proseguir la vida.
Dos casos de celebración están a días: el Halloween y el Día de Muertos. El primero, que algunos han comercializado, pero que es en sus orígenes otra cosa. Surgió, según esta evocación, de lo más profundo de un poeta escocés, Robert Burns.
Y, desde luego, el recuerdo de nuestros muertos, que nos acerca a ellos y nos permite pensar que su vida trasciende de nuevo a nosotros. Y ese solo hecho, aunque ya no estén, nos causa alegría.
México, famoso en el mundo por su Día de Muertos, está en proceso de organizar su celebración. Ya hemos visto algunas expresiones en figuras gigantescas y otras que no exactamente son parte de la celebración mexicana, pero que se han agregado en los últimos años. Así, al menos, nos permite ver la gran creatividad de las figuras y los alebrijes desfilando por nuestras calles.
Mientras eso sucede, la luna ahí está. Será por eso que un torito se atrevió a enamorarse de ella, ya que sabía que nunca lo iba a abandonar.
En medio de esa discusión acerca de las fiestas del toro, ese tierno animal se ha convertido en un personaje de música y de poesía. Mientras su vida se decide en medio de los intereses de empresarios, algunos lo reivindican en canciones o en recuerdos que se hicieron clásicos.
Respecto a la canción, hay que recordar aquella tan famosa que ya hemos mencionado, del músico español Carlos Castellanos Gómez, que compuso en 1964. Una canción, La luna y el toro, que tuvo mucho éxito en el mundo.
Sus versos evocan a un toro enamorado de la luna, que abandona la manada por las noches, y cuya figura se describe mediante imágenes de amapolas, aceitunas y colores.
Esa canción, que le dio premios a su autor, duró mucho tiempo en el panorama musical.
En ese entonces, con la discusión sobre el toreo, se tomaban muchas decisiones que hasta el momento no se han resuelto. Hay en la capital del país una decisión, pero se discute tanto que no se sabe en qué quedará.
La vida del animal sigue en el centro de la discusión. Quienes lo defienden rechazan esa fiesta. Por el lado de los empresarios, que obtienen ganancias de ella, se busca que la tradición continúe.
Mientras eso pasa, la canción del torito que amaba a la luna suele aparecer como un recuerdo. En sus imágenes finales, la luna llega por la noche vestida de seda, mientras el toro la contempla entre la vegetación y las sombras, con el rocío de las flores sobre el rostro.
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