Almodóvar y su apoyo a Lula
Por Carlos Ramírez
A Luis Ignacio Lula da Silva le hubiera convenido más no participar en las elecciones brasileñas, construir en su país un verdadero proyecto de desarrollo alternativo al neoliberalismo trumpista y al prácticamente inutilizado Foro de São Paulo, y no convertir una elección geopolítica en una victoria personal, de corto plazo y sin horizonte continental.
A pesar de poseer una complexión física muy sólida, de 80 años muy sólidos en su figura y cinco largos años de desgaste físico por quedar al frente de un gobierno presidencialista, pero con una sólida oposición legislativa y de gubernaturas estatales con mayoría de Flávio Bolsonaro, Lula carece de una estructura partidista coherente y encabeza más bien una coalición de muchos partidos minoritarios. Y todo ello descansando solo en su figura personal, ya desgastada en tres periodos presidenciales anteriores con huellas de corrupción.
El problema de Lula radica en su populismo asistencialista y de distribución de dinero entre los más pobres; sin embargo, nunca se preocupó por construir un proyecto geopolítico ni menos aún ha contado con un modelo de desarrollo, lo que ha ido desgastando la capacidad productiva de Brasil.
Lula enfrenta una lucha personal contra el proyecto conservador de Donald Trump, pero la falta de liderazgo real a nivel continental y la ausencia de un modelo de desarrollo industrial diferente al neoliberalismo globalizador han disminuido sus márgenes de maniobra. Su escasez de visión geopolítica abandonó a todo el continente americano al avance conservador y ultraderechista impulsado desde la Casa Blanca.
México y Brasil quedan como los lunares políticos y de sistemas populistas individuales que no tienen absolutamente nada que ver con algún proyecto ideológico de izquierda. Y el solo apelativo de izquierda aplicado a México y Brasil no significa ningún adversario real para el expansionismo del sistema capitalista global que existía antes del Consenso de Washington y la globalización contextualizada en la derrota de la propuesta soviética.
La misma victoria electoral de Lula ofrece los elementos analíticos para consolidar la percepción de que se trató de una elección basada en simbolismos personales y no en proyectos geopolíticos. Lula cometió el error histórico de mantener distancia del bolivarismo venezolano de Hugo Chávez Frías, pero sin proponer algún tipo de coalición con países de la región.
Peor aún, el proyecto de gobierno de las diferentes presidencias de Lula careció de una visión de seguridad nacional continental y puede decirse que siguen prevaleciendo las alianzas, en forma de complicidades, entre la estructura militar de Brasil y el dominante y reforzado aparato bélico de Estados Unidos, que opera en el continente americano a través de sus dos comandos de guerra, el Norte y el Sur.
Lula le dio a su lucha solo una dinámica personal y el esfuerzo se había coronado con una decisión que debiera someter a revisión la propia elección del domingo: el mandato de un juez funcional a los intereses del propio Lula para mantener abiertas las casillas dos horas más después del límite y con ello facilitar el acarreo de votos a favor de su candidatura. Y aun si no se complementa la presentación de pruebas para demostrar manipulación electoral, de todos modos quedará para la historia esa decisión que le dio a Lula el copetito de votos para ganarle a la propuesta derechista de Flávio Bolsonaro.
Los datos analíticos indican que la última presidencia de Lula fue ineficaz, se centró solo en combatir la pobreza y el hambre con transferencias directas e inclusive nunca se preocupó por construir un liderazgo geopolítico internacional en la región americana.
En este sentido, no hay indicios de que Lula vaya a dedicar parte de su esfuerzo físico para articular primero un proyecto de desarrollo para Centro y Sudamérica, luego para liderar a las corrientes populistas que perdieron las últimas elecciones en buena parte de América Latina y menos para intentar la búsqueda de un pacto geopolítico con un México hoy en aislacionismo histórico y dependiente de manera lamentable de la integración a las necesidades de la economía estadounidense.
La victoria de Lula debe ser tomada como personal, la coronación de un esfuerzo físico y de manipulación de los instrumentos electorales de Brasil y solo como la culminación de una vida dedicada al culto de la personalidad del líder y no a un proyecto geopolítico latinoamericano y caribeño.
Y todo ello con la falta de margen de maniobra por el avance opositor de Bolsonaro en el Congreso y en las gubernaturas estatales.
Política para dummies: la política de proyectos alternativos y no de fanatismo personal.
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