Palabras y juicios irredentes
Desde el inicio de su participación opositora en la Jefatura de gobierno del DF en el 2000, Andrés Manuel López Obrador comenzó a hablar de una cuarta transformación del régimen. La reforma electoral 2026 no viene a culminar el proyecto porque es la reorganización del viejo régimen priista-populista que funcionó de 1929 a 1982 y que fue desviado hacia un neoliberalismo de mercado de 1983 a 2018.
El régimen mexicano se movió en estos dos universos: el populista-social que reventó por déficit presupuestal y el neoliberal-Pronasol que dejó de funcionar cuando no pudo recuperar la tasa de crecimiento de 6% y que multiplicó el empobrecimiento de la sociedad a la que antes medio satisfacía el Estado populista.
La estructura priista del sistema/régimen/Estado/Constitución se puede explicar de manera muy sencilla. Tuvo seis piezas clave como aparato de dominación: presidente de la República, partido hegemónico, bienestar social, sectores invisibles que lo legitimaron, cultura política basada en el discurso de la Revolución Mexicana y sostenida por el aparato ideológico del Estado que representaba la educación y los libros de texto gratuito y la Constitución.
En 1972, el historiador Daniel Cosío Villegas estableció la clave o el secreto de funcionamiento del sistema priista en la interrelación entre los dos pivotes del poder: el presidente de la República y el PRI, pero con el hecho de que el presidente era al mismo tiempo el jefe máximo del PRI y a través de esa jefatura aprobaba legisladores, gobernadores, alcaldes y controlaba la estructura corporativa que el presidente Lázaro Cárdenas pensó como modelo político-ideológico y como aparato de control de las clases productivas en modo de masas.
El autoritarismo presidencialista se sostenía por el uso de cinco instrumentos de poder: la fuerza –PGR, Fuerzas Armadas, seguridad nacional–, el poder económico a través de un presupuesto centralizado en el Ejecutivo, la dominación absoluta del Poder Judicial y del Poder Legislativo, el control de la democracia electoral a través de la Comisión Federal Electoral en modo Manuel Bartlett Díaz y luego el IFE y el INE, con mayoría calificada para modificar la Constitución al gusto presidencial.
La clave de la fortaleza autoritaria del presidencialismo mexicano se basaba en que ese poder dominaba espacios que debieron ser autónomos, y el mecanismo fue el verticalismo del Ejecutivo por el control de la fuerza, la represión y la coerción. Los diez sectores que debieron de haber configurado un equilibrio opositor autónomo se subordinaban como sectores invisibles del régimen priista: la prensa, los intelectuales, el PAN como oposición leal, los empresarios dominados por la coerción fiscal, la embajada de Estados Unidos, las comunidades indígenas, la iglesia católica, los movimientos sociales, los poderes fácticos y la burocracia sindical subordinada al poder presidencial.
Esta estructura se está reconstruyendo en el modelo lopezobradorista de reorganización del sistema/régimen/Estado/Constitución como 4T, y nada ilustra más la certeza de estas percepciones que la captura de la independencia relativa que tenía la Corte y que hoy no es más que un Poder Judicial al servicio del proyecto sistémico de Morena.
La reconstrucción del proceso político de fortalecimiento del régimen priista también permite explicar el proceso progresivo de la reforma lopezobradorista: el modelo militar 1929-1938, la corporativización de las clases productivas 1938-1946, el Estado priista 1947-1970, el regreso del Estado dominante 1970-1982 y el sistema en modo neoliberal salinista 1982-2018.
El secreto de las reformas lopezobradoristas se percibe en la restauración del modelo: el presidente de la República controlando todo el poder, Morena como partido prácticamente único y el regreso a un Estado populista que impone el bienestar vía programas sociales por encima de la democracia como régimen de poder.
En este escenario hay que analizar la reforma electoral de la 4T.
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Política para dummies: la política cuando no es política se convierte en círculo vicioso.
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