Nada Personal
El título de este texto no es casual. Retoma el nombre del libro “La medicina está enferma”, publicado por la Procuraduría Federal del Consumidor a principios de los años noventa, una obra que advertía, desde entonces, que el sistema de salud estaba más orientado a remediar consecuencias que a prevenir las causas de la enfermedad (Ortiz Quesada, 1991).

Hace unos días estuve en algunas clínicas públicas y la escena se repetía una y otra vez: salas llenas, filas interminables y personas enfermas esperando una consulta médica. Bastaba con asomarse al área de urgencias para entender que el sistema de salud no se da abasto. Más allá de las cifras, la saturación es visible. Ante este panorama, vale la pena preguntarnos qué nos llevó hasta aquí.

En ese contexto surgió una pregunta inevitable: ¿cuánto le cuesta un enfermo al país? No solo en términos económicos, sino sociales y humanos. Una parte importante de esa carga podría evitarse si la medicina preventiva y la salud pública ocuparan el lugar que les corresponde, como lo señalan los lineamientos oficiales en materia de promoción de la salud (Secretaría de Salud, 2015). Sin embargo, seguimos actuando cuando la enfermedad ya está avanzada, no cuando aún puede prevenirse.

Muchas de las enfermedades que hoy saturan los hospitales públicos están directamente relacionadas con la mala alimentación. Diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y padecimientos renales no aparecen de un día para otro; se construyen lentamente, a lo largo de años de hábitos alimenticios deficientes (OMS, 2023). El resultado es un sistema médico que atiende consecuencias, no causas.

Imaginemos a un paciente con diabetes que, en un inicio, requiere solo un medicamento. Con el paso del tiempo llegan las complicaciones: la pérdida de un dedo, después de un pie; la disminución de la vista o la necesidad de diálisis porque los riñones han dejado de funcionar. Ese paciente, antes productivo, deja de trabajar y de generar ingresos para su familia. Se jubila de forma anticipada y pasa a depender de un sistema que ya se encuentra rebasado. El costo no es únicamente médico; es familiar, laboral y social (FAO, 2022).

La alimentación, entonces, no es un tema menor: es un eje central de la prevención. Desde mi experiencia como docente, esto se observa con claridad. Por las mañanas, muy temprano, veo los rostros de mis alumnos y es evidente que muchos no han desayunado: bostezan, están cansados y su cuerpo, en especial el páncreas, resiente la ausencia de alimento. No siempre se trata de falta de recursos; con frecuencia es la ausencia de una cultura del desayuno, tal como lo ha señalado el propio sector salud en sus materiales de orientación alimentaria (Secretaría de Salud, s. f.).

Si un estudiante cena a las diez de la noche y vuelve a comer hasta las diez u once de la mañana del día siguiente, y además lo hace a base de alimentos ultraprocesados, difícilmente podrá concentrarse. No se puede aprender ni trabajar sin calorías, sin nutrientes y sin salud. Hablo de educación superior, pero la situación es aún más preocupante en la educación básica, donde los hábitos se forman y se arraigan (SEP, 2025).
Aunque recientemente se han implementado programas para limitar la comida chatarra en las escuelas y en las cooperativas se ofrecen opciones más nutritivas, el problema va más allá del aula. Una parte importante se origina en la industria alimentaria. En otros países se regula la cantidad de azúcar permitida en los productos; en México, en cambio, existe una libertad preocupante. El etiquetado informa, sí, pero su implementación ha enfrentado poderosos intereses económicos (OMS, 2023).
Dentro de la educación para el consumo que promueve el propio sector salud, así como instancias como la Procuraduría Federal del Consumidor, existen programas orientados a fortalecer las capacidades de las familias para alimentarse mejor. La PROFECO ha desarrollado acciones de educación para el consumo que incluyen talleres de tecnologías domésticas y propuestas de alimentación nutritiva y balanceada, diseñadas para mejorar tanto la economía familiar como la salud (PROFECO, 2024). De igual manera, herramientas como el Plato del Bien Comer y la Jarra del Buen Beber buscan orientar a la población en la selección adecuada de alimentos y bebidas (Secretaría de Salud, s. f.).
Sin embargo, estas estrategias resultan insuficientes si no se refuerzan de manera constante y transversal. Conviene hacer hincapié en la educación alimentaria como una política sostenida y no solo como una medida aislada. De lo contrario, el sistema seguirá atendiendo enfermedades que pudieron haberse evitado y, eventualmente, colapsará bajo su propio peso (FAO, 2022).
En las escuelas se ha puesto en marcha la Estrategia Nacional Vida Saludable, impulsada por la Secretaría de Educación Pública a partir del 29 de marzo de 2025. No obstante, la prevención no puede quedarse ahí. ¿Cada cuánto nos desparasitamos? ¿Cada cuánto acudimos a una profilaxis dental? ¿Cada cuánto revisamos nuestra salud antes de que la enfermedad nos obligue a hacerlo? (SEP, 2025).
No se trata de una discusión nueva. Durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, en 1942, se implantaron los desayunos escolares como una política pública para combatir la desnutrición infantil. En la década de los sesenta, la maestra Eva Sámano y el presidente Adolfo López Mateos consolidaron el programa a nivel nacional, reconociendo que el alimento es inherente al aprendizaje y al desarrollo social (Secretaría de Salud, s. f.).
La medicina está enferma porque llega tarde. Mientras no atendamos de manera seria la alimentación, la educación para el consumo y la prevención, los hospitales seguirán llenos y la enfermedad seguirá siendo el punto de partida, cuando debería ser el último.
Referencias
Ortiz Quesada, F. (1991). La medicina está enferma. Instituto Nacional del Consumidor / Procuraduría Federal del Consumidor.
Secretaría de Salud. (2015). Norma Oficial Mexicana NOM-043-SSA2-2012, Servicios básicos de salud. Promoción y educación para la salud en materia alimentaria. Diario Oficial de la Federación.
Secretaría de Salud. (s. f.). El Plato del Bien Comer. Gobierno de México.
Secretaría de Salud. (s. f.). La Jarra del Buen Beber. Gobierno de México.
Procuraduría Federal del Consumidor. (2024). Programa de Educación para el Consumo. Gobierno de México.
Secretaría de Educación Pública. (2025). Estrategia Nacional Vida Saludable. Gobierno de México.
Organización Mundial de la Salud. (2023). Dieta saludable. OMS.
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (FAO). (2022). Educación alimentaria y nutricional como herramienta para la prevención de enfermedades crónicas.





