Filosofía sin escrúpulos
Con profunda tristeza escribo sobre Julieta Fierro para rendirle homenaje tras su fallecimiento. En San Luis Potosí se tuvo el privilegio de recibirla el 27 de agosto, cuando ofreció la conferencia La unificación de la física a jóvenes universitarios de la UASLP. Los asistentes pudieron disfrutar de su característica forma de enseñar y contar la ciencia, así como de su pasión por la disciplina y la divulgación, viviendo de cerca su entusiasmo y su manera única de acercar la ciencia a todos.
Hace unas semanas, una amiga me contó una escena que ahora adquiere un nuevo valor. Su hija no quería asistir a una conferencia en la universidad, pensando que sería aburrida, hasta que escuchó el nombre de la conferencista. “Tienes que ir”, le insistió su madre, “es Julieta Fierro, una divulgadora extraordinaria de la ciencia”. La joven aceptó, y aquel encuentro le dejó la certeza de haber escuchado a alguien que sabía encender la curiosidad.
Cuando era niña, conocí a Julieta Norma Fierro Gossman (era su nombre completo) por recomendación de mi papá, que era médico. La vi en una entrevista en televisión y, desde entonces, me volví fan de ella, aunque no me dedico al área científica.
Mi experiencia como maestra me lleva a recordar algo similar. Hace varios años recomendé a mis alumnos El libro de las cochinadas (Tonda & Fierro, 2013), un libro divertido que aborda temas considerados incómodos o tabúes, investigados con rigor científico y presentados con un lenguaje accesible, comprensible desde un niño hasta un adulto. Lo leyeron con interés y entusiasmo; algunos comentaron cómo esos temas explicados con humor despertaron su creatividad y su deseo de experimentar. Jamás hubiesen imaginado que esos temas podían ser tratados de manera tan rigurosa y divertida.
Ese mismo libro inspiró a una amiga, maestra y divulgadora de la ciencia, a llevar un experimento de cohetes con materiales reciclados a sus estudiantes normalistas. Luego, esos futuros docentes lo compartieron con niños en una feria STEAM (Science, Technology, Engineering, Arts and Mathematics). Así, la curiosidad sembrada en páginas se transformó en acción, colaboración y aprendizaje compartido.
Ese es el verdadero legado de Julieta Fierro: no solo la astrónoma que hablaba de la unificación de la física, sino la divulgadora que hacía que la ciencia circulara de mano en mano, de aula en aula, de generación en generación. Su obra recordaba que los grandes descubrimientos no se comprenden en soledad, sino en comunidad; que una buena explicación puede transformar la manera en que enseñamos y aprendemos.
Julieta Fierro también fue clara sobre el reto que enfrentan las mujeres en este campo. Ella afirmaba: “No es suficiente visibilizar a las mujeres, lo que se necesita es cambiar la estructura académica y social.” Ese llamado no pierde vigencia y sigue siendo una brújula para quienes creemos en la educación como motor de cambio.
Hoy, su ausencia nos duele, pero también nos deja una responsabilidad: seguir encendiendo esas chispas de curiosidad que ella supo multiplicar con tanto entusiasmo. La mejor forma de honrarla es continuar su tarea: abrir la ciencia a todos, sin miedo, sin tabúes y con la certeza de que, cuando se comparte, siempre ilumina.
Y a quienes leen este artículo les digo con entusiasmo: no dejen de leer El libro de las cochinadas. Es vigente siempre por los temas que aborda, sus ilustraciones son divertidas y didácticas, y puede inspirar al público en general —alumnos, docentes y curiosos— a experimentar y aprender de manera activa y creativa.
Referencia:
Tonda, J., & Fierro, J. (2013). El libro de las cochinadas. México: Editorial Planeta.