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A lo largo de la historia, las personas hemos aprendido a distinguir entre aquello que parece trivial y lo que verdaderamente es trascendente. Sin embargo, muchas veces olvidamos que los aprendizajes más sencillos —leer, escribir, sumar, comprender o desarrollar una habilidad— son precisamente los que construyen nuestra vida y determinan buena parte de nuestro futuro.
El problema surge cuando lo inmediato ocupa el lugar de lo importante. Hoy, especialmente en el mundo de las redes sociales, la atención se concentra con facilidad en contenidos pasajeros que duran apenas unos segundos y desaparecen rápidamente de nuestra memoria. Mientras tanto, aquello que requiere tiempo, esfuerzo y reflexión puede quedar relegado.
Por eso resulta necesario recuperar el valor de lo trascendente. No todo lo cotidiano es insignificante, ni todo lo popular es verdaderamente importante. Quizá uno de los grandes retos de nuestra época sea aprender nuevamente a reconocer aquello que, aunque parezca sencillo, deja una huella permanente en nuestra formación y en nuestra manera de entender el mundo.
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