Palabras y juicios irredentes
Cada año, el Día Internacional de la Mujer se llena de mensajes institucionales sobre equidad y respeto. Las consignas circulan con rapidez; las imágenes oficiales proyectan empeño. Sin embargo, la verdadera medida de ese compromiso no está en los discursos, sino en la forma en que se ejerce el poder dentro de las propias instituciones.

Como advirtió Simone de Beauvoir, “basta una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ponerse en cuestión” (Beauvoir, 1949/2015). No solo en los grandes momentos de crisis, sino también en la vida cotidiana de las organizaciones.
Mi experiencia como jefa de Comunicación Social en el Sistema Educativo Estatal Regular (SEER) me permitió observar de cerca esa distancia entre el discurso institucional y las prácticas cotidianas. Desde esa responsabilidad tenía a mi cargo la coordinación de la información institucional, la cobertura de actividades oficiales y la difusión pública de las acciones educativas. El nombramiento existía y las funciones eran claras.
Sin embargo, con el tiempo comenzó a operar otra lógica. Información relevante dejó de llegar a mi oficina. Coberturas estratégicas fueron asignadas directamente a colaboradores varones. En algunas actividades externas se argumentaba que “no había espacio” para incluirme. Decisiones propias del área comenzaron a tomarse sin mi participación.

Formalmente yo era la titular de Comunicación Social; en la práctica, mi autoridad fue desplazada.
En diversas reuniones encabezadas por el actual director del SEER y su secretario particular, fui cuestionada públicamente delante de colegas y subordinados, en un tono que no buscaba mejorar procesos, sino exhibirme. La crítica profesional es legítima cuando es técnica y respetuosa; cuando se convierte en exposición reiterada, deja de ser evaluación y se transforma en humillación institucional.
La filósofa Hannah Arendt explicó que el poder auténtico se sostiene en el reconocimiento. Como ella misma señala, “la violencia aparece cuando el poder está en peligro” (Arendt, 1970/2006). La exclusión reiterada, la omisión deliberada y la sustitución discrecional son formas de ejercer violencia institucional sin necesidad de levantar la voz.
La violencia, en muchas de sus formas, está profundamente vinculada con el ejercicio del poder. No siempre se manifiesta en gritos o agresiones abiertas; también puede expresarse en la exclusión, el descrédito público, la invisibilización del trabajo o el desplazamiento de responsabilidades. Son prácticas que deterioran el clima institucional y afectan la dignidad profesional de quienes las viven.

La paradoja se vuelve más profunda cuando quienes permiten o reproducen estas prácticas participan al mismo tiempo en comités de equidad de género, firman pronunciamientos sobre respeto o se muestran públicamente como promotores de la igualdad. La pertenencia a un comité no sustituye la ética en la toma de decisiones. La fotografía institucional no garantiza justicia interna.
Por eso, cuando se habla de prevención de la violencia y construcción de relaciones igualitarias, los primeros en asumir procesos de formación —como los talleres de masculinidades— deberían ser quienes ocupan los cargos de mayor autoridad en las instituciones. Como señala Raewyn Connell, “las masculinidades se configuran dentro de estructuras de poder y relaciones sociales” (Connell, 2005).
La transformación cultural no comienza en los manuales ni en los discursos; comienza en la manera en que se ejerce el poder.
La congruencia es el verdadero termómetro del compromiso. La igualdad no se demuestra con declaraciones ni con presencia simbólica en espacios de género; se demuestra respetando los nombramientos y reconociendo la autoridad profesional de las mujeres.
El 8 de marzo no exige discursos impecables. Exige prácticas coherentes.
Porque la igualdad no se proclama frente a la cámara; se ejerce cuando nadie está mirando.
Referencias
Arendt, H. (2006). Sobre la violencia. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1970).
Beauvoir, S. de. (2015). El segundo sexo. Debolsillo. (Obra original publicada en 1949).
Connell, R. W. (2005). Masculinidades (2ª ed.). Universidad Nacional Autónoma de México / Programa Universitario de Estudios de Género.





