La interconexión de dispositivos electrónicos conocida como WiFi es muy común en nuestra actualidad y se relaciona a la fidelidad inalámbrica. WiFi es una tecnología asimilada que resulta de alianza entre diferentes empresas mundiales con base tecnológica.

Tan lo es que cualquier comensal ingresa a restaurante, fonda, pizzería o cafetería y pide acceso por clave WiFi del lugar a fin de lograr el acceso a sus redes, correo electrónico o navegación por internet.

Pues ahora, aprovechando la tecnología de iluminación LED se proyecta la comunicación inalámbrica mediante emisión de luz; se le llama LiFi, que quiere decir Light Fidelity por analogía al significado Wireless Fidelity de WiFi.

Así, una casa habitación, empresa, nave industrial, restaurante, hotel, espacio público, u otro, podrá tener conectividad mediante emisión codificada de luz en cada luminaria que sea LED.

Los protocolos de seguridad para LiFi aún están en construcción de convenio y estandarización, pero de que vendrán lo harán; serán una realidad en poco tiempo.

LiFi permitirá, dado el ancho de banda en la emisión LED, mayor calidad en la seguridad al encriptar códigos y contenidos. La velocidad de emisión digital será imperceptible a los ojos humanos, sino con dispositivos ópticos de respuesta en alta frecuencia.

Bastará con un dispositivo móvil que tenga el codificar óptico y estar en la incidencia de iluminación LED codificada por LiFi para la conectividad en redes, internet, etcétera.

Entretanto, autoridades y organismos con obligación en política pública mexicana para Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, se hayan dormidos en los laureles. Yacen en discusión bizantina. La política pública es mas vista como botín y pugna entre instituciones y personas en puestos de decisión.

Entonces, así como el caso de conectividad móvil 5G, y muchas más tecnologías emergentes, resultantes de la CTI mundial, México sigue a la zaga; pero muy atrás en prospectiva.

Mi punto enfoca los impactos de carencia de política pública en CTI. Pero no solo respecto de investigación científica y el desarrollo tecnológico. Lo es también en el sentido que este retraso en CTI abre puntos vulnerables en el uso de tales tecnologías y fragiliza el cuidado normativo a derechos de la población.

Tal es el caso de lo frágil, incluso con WiFi lo son, en diferentes aspectos del derecho.

Los datos personales sensibles, la ciberseguridad para reducir, preferentemente eliminar, el riesgo de secuestro en bases de datos tanto como sistemas informáticos y comunicaciones, entre muchos mas, son descuidados por falta de políticas públicas en CTI de vanguardia.

Dormir en nuestros laureles también implica haber dejado de hacer algo que se debe o estar haciéndolo pobremente, con desgana y poca eficiencia; por la autocomplacencia. Es yacer en las glorias eventuales y sus remembranzas; es dejar de hacer.

De esta manera instituciones mexicanas, ya oficiales ya particulares, CONACYT y FCCyT entre otras, se hallan enredadas en politiquería y amenazas judiciales.

El mundo camina, estemos en la senda o no. Los resultados y productos de la CTI mundial nos alcanzan cada día, estemos preparados o no.

Mientras las instituciones mexicanas sigan dormidas en los laureles, el horizonte sólo es verde laurel.

Afortunadamente, no todo debe ser responsabilidad oficial, está la iniciativa de las personas, la sociedad organizada, científicos y tecnólogos, que día a día hace su labor. Ahí se puede dar luz para despertar del sueño en que laureles tan verdes y que rosas tan encendidas, versa la canción.