Palabras y juicios irredentes
Volveremos a las extraordinarias mujeres que nos han engrandecido. Gabriela Mistral es otra mujer que vale recordar, en este mes de marzo de las mujeres. No era mexicana, pero actuó como si lo hubiera sido. Vino a México a dotar de sus conocimientos como maestra la reforma educativa que promovía el Estado y dejó no solo su conocimiento, sino sus bellos poemas en los que penetró la vida profunda del país, su indigenismo, la tierra y la cercanía con los niños.
Se recuerda la opinión misógina del presidente de Chile en 1922 sobre limitaciones de Gabriela Mistral y al respecto, José Vasconcelos le respondió: “Tengo en México lo mejor de Chile”; él mismo, Secretario de Educación, la había invitado.
El Premio Nobel de Literatura 1945, gran poeta, siempre fue instalada con cierto menosprecio en su tierra como maestra rural. En efecto, también lo era y de muchos años, de lo que se enorgullecía, pero tuvo grandes aportes a la educación que los gobiernos chilenos fueron soslayando y que en la época pinochetista nunca se mencionaron.
Sus biógrafos y analistas han propuesto reivindicar esos aportes de Gabriela, sobre todo de la época de casi tres años que estuvo en México (1922–1924). Tiempo que siempre guardó en sus recuerdos:
Hace dos años dejé
a mi niño mexicano,
pero despierta y dormida,
yo lo peino con mis manos.
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcaya, como realmente se llamó Gabriela Mistral, nació en 1889 y murió en 1957. El pasado 10 de enero se cumplieron 69 años de su partida.
De acuerdo a especialistas de su obra, su formación estaba fincada en grandes teóricos como Rousseau y se apegaba mucho a Rabindranath Tagore —otro Premio Nobel— y a León Tolstoi.
Existen editados en el mundo entre 300 y 400 textos suyos sobre el sistema educativo. En ellos prevalece su búsqueda de una educación igualitaria para todos, sin discriminación y democrática, como se plantea actualmente en México.
En su presencia en México, para participar —como dijo Vasconcelos— en la reforma educativa que éste desarrolló, se cuentan en su haber la elaboración de libros, la creación de misiones culturales, campañas de alfabetización y la aplicación de las escuelas al aire libre que ya había creado en Chile.
Dicen sus analistas que no se ha dado a conocer lo suficiente como “pensadora, militante y gestora de una educación pública democrática”.
Entre sus muchos libros de poesía se encuentran Desolación, Ternura, Locas mujeres, Sonetos de la muerte y Tala.
En algunos de ellos se manifiesta la permanente tristeza por la muerte de su hijo a los 18 años y de su madre.
El libro Tala tiene muchos significados y para algunos es una corriente filosófica en la que ella participó, pero en esencia se refiere a la tala de árboles y al arrase de la naturaleza y del ser humano en América.
Se compone de varios capítulos con poemas dedicados a distintas causas. La tierra y su protección fue una de sus grandes luchas y aparece en sus poemas:
Niño indio si estás cansado
te acuestas sobre la tierra.
Y lo mismo si estás alegre
niño mío, juega con ella.
Donde el indio lo está llamando
el tambor indio le contesta
Y tañe cerca y tañe lejos
como el que huye y regresa.





