No cabe duda, México es un país de desigualdades. Algunas fortunas inmensas, como la del patriarca del Grupo BAL, Alberto Baillères González, construidas a costa de la salud de los mexicanos. Para no ir más lejos, hablamos de las dos termoeléctricas en Tamuín ubicadas en el ejido Las Palmas, donde todos los años, desde que llegó a instalarse ahí junto con otro poderoso empresario, Lorenzo Zambrano, es acusado de matar de cáncer a los pobladores.

Y todas las autoridades se hacen de la vista gorda. Las municipales, por su escasa fuerza e ignorancia; las estatales, porque no les conviene hablar del asunto y las federales, por corrupción. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México, que empresarios como Baillères no querían, cambió el tablero de la minería, que es su fuerte y afronta mermas.

Según Forbes, Baillères perdió 31% de capital y pasó de tener 10 mil 700 millones de dólares a siete mil 400 millones de dólares en meses recientes. Eso lo ubica como el cuarto hombre más rico del país, cuando mucho tiempo fue el segundo, detrás de Carlos Slim.

El problema de la riqueza de Baillères, es que una parte sería a costa de vidas. En realidad nadie se ha atrevido a comprobarlo, pero de acuerdo a datos oficiales de la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado, en 2015 hubo 37 muertos por diversos tumores cancerígenos en Tamuín, donde están las dos termoeléctricas; en 2016, fueron 31 y en 2017, 36 más, un total de 104.

¿Estos decesos ocurren a causa de la contaminación de las dos termoeléctricas que supuestamente trabajan con energías limpias para el autoconsumo de las empresas de Baillères y Zambrano? Es lo que no se ha podido determinar.

Los habitantes, desesperados, cierran una y otra vez las carreteras de Tamuín, hacen protestas afuera de las termo y en la más reciente visita del presidente López Obrador en Valles, pidieron su intervención. Hasta el momento no hay una respuesta contundente de nadie. La más reciente intervención, que supone una esperanza, es de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) mediante un estudio para determinar los tipos de contaminantes que expiden las generadoras de energía eléctrica ubicadas en Tamuín. A partir de entonces, podrá haber bases para que el Sector Salud indique la incidencia de estas empresas en los índices de cáncer en Las Palmas.

La experiencia indica que sería un milagro que ningún caso de cáncer sea producto de las termoeléctricas que construyeron Baillères y Zambrano, dado que otras compañías dedicadas al mismo ramo, son señaladas de lo mismo, en otras partes del país. Actualmente en manos de la empresa AES, las dos industrias deben generar 230 millones de vatios (MV) para Cemex y Peñoles, es decir, a Zambrano y Baillères, en un acuerdo que según el propio Baillères, terminará en 2027.

AES compró a los dos potentados las termo en 611 millones de dólares, para el abastecimiento de Cemex y también Peñoles, la principal productora de plata del mundo y otros metales preciosos. Tanto Cemex como Peñoles obtuvieron esos permisos hace 20 años para garantizar la energía eléctrica a todas sus empresas subsidiarias a través de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En el caso de Baillères, su dinero no proviene sólo de Peñoles, porque también posee la aseguradora GNP, Médica Móvil, ITAM, El Palacio de Hierro y su más reciente adquisición, la petrolera Petrobal.

Las termo de Tamuín no solamente estarían matando huastecos, también contaminarían los ríos Tampaón y Choy y tienen invadido, según los lugareños, un predio superior a las 432 hectáreas.

Demasiado dinero, grandes intereses, por eso nadie se mete.