Saldos de los destapes
Enrique Galindo encontró en Domingo de Pilas una postal para presumir su gobierno: escobas, fotografías, jornadas de limpieza y premios comprados. Pero detrás de la imagen hay preguntas que el Ayuntamiento simplemente no responde: cuánto cuestan esas estatuillas, qué resultados tangibles producen y bajo qué condiciones participan los trabajadores municipales en las jornadas dominicales.
Testimonios recogidos por este inquilino del Cuarto Frente entre la clase trabajadora de Ecología, Servicios Municipales, Instancia de la Mujer, Desarrollo Municipal, entre otras áreas, revelan que son convocados “voluntariamente a fuerzas” desde las 7:00 u 8:00 horas cada domingo para sumarse a estas jornadas, que nada tienen que ver con las tareas laborales para las que fueron contratados.
“Son días que podríamos dedicarle a la familia, pero si faltas hay regaño, represalias o mínimo una maltratada por fallarle *al jefe*, pero son días que no nos pagan doble, deberíamos descansar, dedicarles a nuestros hijos y no les importa, muchos cargamos hasta con los niños porque no nos queda de otra”, dice una de las trabajadoras inconformes, de quien protegemos su identidad para evitarle represalias.
Entonces, si la asistencia es obligatoria, la administración debe explicar cómo se organizan esas convocatorias, cómo se computan las horas trabajadas y qué medidas se toman para respetar los derechos laborales en el Ayuntamiento.
El esfuerzo de los colaboradores no debería convertirse en el telón de fondo de una campaña de imagen política para llenarle el ego a ninguna autoridad. Mucho menos cuando la ciudadanía tiene derecho a saber si las labores realizadas representan soluciones duraderas o al vapor que, días después, dejan nuevamente a la vista los mismos problemas: suciedad, basura, drenajes colapsados y pestilentes, casas sin agua, calles oscuras e inseguridad.
Barrer una calle mejora su apariencia, pero para esa tarea tan noble existen ya cuadrillas de limpieza a quienes no les dan el mínimo crédito, pues lo quieren para el edil; no es tarea de un alcalde encumbrar como su máximo logro el hecho de que agarrar una escoba y ensuciarse las manos, eso no sustituye una política integral de servicios públicos.
La limpieza requiere mantenimiento permanente; el acceso al agua, infraestructura y planeación; y la seguridad, prevención, capacidad policial y resultados verificables para toda la ciudadanía.
A esto se suma la promoción de premios fútiles y costosos – que se pagan con dinero público- como el ALMA 2026. Si el gobierno municipal presume las estatuillas “mundiales”, también debe transparentar sus costos, las condiciones de participación y los criterios con los que se evaluaron los programas premiados.
La pregunta necesaria: ¿cuánto del esfuerzo institucional se destina a resolver verdaderamente los problemas de la ciudad y cuánto a construir una imagen de alcalde premiado con estatuillas que parecen salidas de una cajita de Corn Flakes?
Los trabajadores merecen condiciones laborales transparentes. Las familias potosinas, servicios públicos que funcionen más allá de una manita de gato. Y la ciudadanía, documentos que permitan comprobar qué se pagó, qué se premió y qué cambió realmente de fondo.
Domingo de Pilas no debería ser una estrategia para lucir al alcalde con la escoba en la mano, sino una política pública que resuelva problemas reales. Y eso no está pasando.





