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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 2 de enero del 2026.- Dormir entre siete y nueve horas es una condición básica para el bienestar físico y mental; sin embargo, millones de personas mantienen rutinas de descanso reducidas. Especialistas advierten que dormir solo cinco horas diarias, de manera constante, genera una deuda de sueño que el cuerpo cobra con el paso del tiempo.
Aunque una noche aislada de mal descanso puede parecer inofensiva, la privación repetida afecta el funcionamiento cotidiano. Estudios de organismos internacionales señalan que quienes duermen cinco horas de forma habitual experimentan mayor cansancio, irritabilidad y una disminución progresiva en su capacidad para rendir, aun cuando crean haberse acostumbrado.
Uno de los primeros sistemas afectados es el cognitivo. La falta de sueño dificulta la concentración, ralentiza el tiempo de reacción y complica la toma de decisiones. Además, el descanso nocturno es fundamental para la memoria y el aprendizaje, ya que durante el sueño el cerebro procesa y consolida la información adquirida durante el día.
El impacto también alcanza la salud emocional. Dormir poco reduce la tolerancia al estrés y se asocia con mayor ansiedad, cambios de humor y dificultad para regular las emociones. A largo plazo, la privación crónica del sueño se ha vinculado con trastornos como la depresión y la ansiedad.
En el plano físico, la falta de descanso incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión, además de debilitar el sistema inmunológico. Dormir cinco horas puede parecer una forma de ganar tiempo, pero los especialistas coinciden en que el costo para la salud y la calidad de vida resulta demasiado alto.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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