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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 30 de octubre de 2025.- Cada octubre, las calles y escaparates se llenan de calabazas naranjas con rostros sonrientes o aterradores. Son el ícono más visible de Halloween, pero detrás de ellas hay una historia que mezcla leyendas irlandesas, migraciones, supersticiones y, en el caso de México, una buena dosis de sabor.
Jack-o’-lantern
La tradición de tallar calabazas viene de una antigua leyenda celta sobre “Jack el Tacaño”, un hombre que engañó al diablo y fue condenado a vagar por el mundo con una linterna hecha de nabo encendido. Cuando los irlandeses migraron a Estados Unidos en el siglo XIX, descubrieron que las calabazas eran más grandes, abundantes y fáciles de tallar que los nabos europeos, y así nació el clásico Jack-o’-lantern.

Desde entonces, la calabaza se convirtió en el símbolo de Halloween: una luz encendida para ahuyentar a los malos espíritus y guiar a los buenos durante la noche del 31 de octubre.
Del susto al antojo
Pero en México, donde la temporada de otoño también está cargada de tradición y espiritualidad, la calabaza tomó un rumbo distinto. En lugar de tallarlas, las cocinamos, las endulzamos con piloncillo, canela y clavo, y las colocamos en la mesa o en las ofrendas del Día de Muertos.

Este fruto —porque sí, la calabaza es un fruto— ha sido parte de la dieta mexicana desde tiempos prehispánicos. Los pueblos originarios la cultivaban junto con el maíz y el frijol, el famoso trío mesoamericano. Su pulpa, semillas y flores eran aprovechadas por completo: alimento, medicina y hasta ornamento natural.
Durante el Día de Muertos, la calabaza en tacha se volvió uno de los dulces más representativos, símbolo de hogar, abundancia y cariño. Mientras en otros países las calabazas buscan espantar fantasmas, aquí atraen recuerdos: el aroma del piloncillo, el fuego lento de la olla y el sabor que evoca infancia y familia.
Hoy, México también adopta parte del ambiente de Halloween —las fiestas, los disfraces, las decoraciones—, pero sin dejar atrás su toque cultural. En los mercados y cocinas, la calabaza sigue recordando que el otoño no solo se celebra con miedo o misterio, sino también con dulzura y memoria.
Así, mientras en Estados Unidos las calabazas iluminan las puertas, en México iluminan las ofrendas. Dos formas de rendir homenaje a los muertos y a las tradiciones… con una misma protagonista: la humilde, poderosa y deliciosa calabaza.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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