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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 18 de octubre de 2025.– En el corazón del Ejido La Loma, municipio de Rioverde, aún se conserva la tradición de una de las bebidas más laboriosas del centro del país: el atole de girasol, también conocido como atole de teja, una receta ancestral que combina paciencia, fuego y semillas tostadas para crear un sabor único que evoca los aromas del campo potosino.
Originario de la Sierra Gorda, esta bebida espesa y aromática forma parte del patrimonio culinario compartido entre Querétaro y San Luis Potosí, especialmente en comunidades agrícolas donde el girasol crece de manera natural y su semilla es aprovechada en la cocina tradicional.

El agricultor José Luis Martínez, oriundo del Ejido La Loma, recuerda con orgullo cómo esta receta ha pasado de generación en generación.
“El atole lleva mucho proceso. Se saca el grano de la flor, se seca, se tuesta en comal, luego se muele a mano. Ya molido se cuela con agua, se pone a hervir con azúcar y canela… y ahí está el atole, pero bueno, no hay otro igual”, comparte con una sonrisa.
Su preparación, dice, puede tomar más de tres horas, entre el tostado, la molienda y la cocción. Pero el resultado, afirma, “vale la pena”, pues el atole de girasol posee una textura cremosa y un aroma inconfundible.


Más que una bebida, el atole de teja representa una tradición viva que une a las familias durante las madrugadas frías o las fiestas patronales, cuando el aroma a canela y maíz tostado se mezcla con el sonido del campo.
“Es trabajo, pero es bonito. Así lo hacían mis abuelos y así lo seguimos haciendo”, concluye don José Luis, mientras muestra orgulloso las semillas que guarda para la próxima molienda.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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