Cuando jugar deja de ser un pasatiempo: la adicción a los videojuegos
02 de octubre de 2026
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8:00
Archivo
Michelle Correa/Quadratín SLP
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 2 de octubre de 2026.- Las adicciones ya no se relacionan únicamente con el consumo de sustancias. El uso problemático de videojuegos y otras tecnologías también puede convertirse en un trastorno, particularmente cuando comienza a desplazar actividades escolares, familiares, sociales o de cuidado personal.
En México, la ENCODAT 2025 encontró que 59.5 por ciento de los adolescentes de 12 a 17 años jugó videojuegos durante los 12 meses previos a la encuesta. Entre quienes jugaron, 1.2 por ciento cumplió criterios de trastorno por uso de videojuegos; la proporción fue de 1.4 por ciento entre los hombres y 0.9 por ciento entre las mujeres.
La encuesta, elaborada por el Instituto Nacional de Salud Pública, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones y el Instituto Nacional de Psiquiatría, también reportó que 23.2 por ciento de la población de 12 a 65 años jugó videojuegos en ese periodo y que 0.9 por ciento de quienes jugaron cumplió criterios de trastorno por su uso.
En San Luis Potosí, el Instituto Potosino de la Juventud (Inpojuve) ha identificado el uso problemático de tecnologías entre las situaciones que requieren atención, de acuerdo con lo señalado por personal especializado de la institución.
En entrevista con Quadratín, la psicóloga Jocelyne Monarrez, con cédula profesional 12281230 y tres años de experiencia en terapia, explicó que el problema no se determina únicamente por el número de horas que una persona pasa frente a un dispositivo, sino por el grado de control que mantiene sobre esa actividad.
“Cuando hablamos de adicción, es porque ya no te deja vivir normalmente. Ya no controlas tú la situación, sino que la situación te controla a ti”, explicó.
De acuerdo con la especialista, una persona con un uso problemático puede continuar jugando pese a las consecuencias negativas y dar prioridad al videojuego sobre sus responsabilidades, estudios, salud, familia o actividades sociales.
La Organización Mundial de la Salud establece criterios similares para identificar el trastorno por videojuegos: pérdida de control sobre el juego, prioridad creciente de esta actividad frente a otras y continuidad o incremento de su práctica pese a consecuencias negativas. Para considerarse un trastorno, el patrón debe provocar un deterioro significativo en áreas como la vida personal, familiar, social o educativa y generalmente mantenerse durante al menos 12 meses.
Monarrez señaló que, cuando se intenta reducir el tiempo de juego, algunas personas pueden reaccionar con irritabilidad, ponerse a la defensiva o esconder su actividad. También mencionó como señales de alerta el aislamiento, el abandono de actividades que antes disfrutaban, el deterioro del desempeño escolar y los conflictos familiares.
El impacto puede extenderse a otros hábitos. La especialista indicó que algunas personas reducen sus horas de sueño, modifican su alimentación y realizan menos actividad física, además de experimentar cansancio y dificultades para mantener sus relaciones familiares y sociales.
La OMS advierte que los riesgos relacionados con el uso de videojuegos no se limitan al trastorno como tal y pueden incluir falta de actividad física, alimentación poco saludable, problemas de sueño y otras afectaciones físicas y psicosociales. Al mismo tiempo, subraya que el trastorno afecta únicamente a una proporción pequeña de las personas que juegan videojuegos.
En San Luis Potosí, los Servicios de Salud mantienen acciones de prevención y atención en materia de salud mental y adicciones. El programa estatal contempla actividades de prevención, atención integral y vigilancia epidemiológica para generar información sobre estos problemas.
El personal de salud ha llamado a madres y padres de familia a establecer límites claros para el uso de dispositivos y videojuegos, particularmente entre niñas, niños y adolescentes.
Monarrez coincidió en que la prevención temprana es fundamental y señaló que, cuando existe un deterioro en la vida cotidiana, puede ser necesario recurrir a atención psicológica o psiquiátrica.
“No se debe alejar al joven. Es precisamente en este momento cuando más necesita ayuda”, recomendó.