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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 27 de diciembre del 2025.- La vida de Julio Palacios León cambió de forma abrupta hace siete años. Lo que debía ser uno de los momentos más felices de su vida, el nacimiento de su hija, se transformó en una prueba que aún hoy enfrenta con fortaleza, amor y una entrega absoluta.
Julio es integrante del colectivo de cuidadoras y cuidadores potosinos, y su historia rompe estigmas: también hay hombres que cuidan, que sostienen y que resisten en silencio.
Durante el parto, su esposa sufrió una hemorragia que derivó en un paro cardíaco. A raíz de ese episodio, presentó un daño neurológico severo que la dejó en cama de manera permanente.
“Llevábamos una vida normal y de la noche a la mañana todo cambió”, relata Julio. Nada fue planeado, nada fue anticipado. Simplemente ocurrió.
Los primeros años contó con algo de apoyo, pero con el tiempo se convirtió en cuidador de tiempo completo. Desde entonces, su rutina gira alrededor de atender a su esposa, aprender cuidados médicos, adaptarse a nuevas responsabilidades y criar a su hija, en medio de un escenario que emocionalmente no ha sido sencillo.
“El desgaste emocional es muy fuerte”, comparte, porque ves a la persona que amas en cama todo el día, sabiendo que años atrás estaba bien.
Julio es cuidador único. No tiene red de apoyo permanente, lo que hace que la carga física y emocional sea aún mayor. Aun así, asegura que encontrar estabilidad en la salud de su esposa le da fuerza para continuar.
“Eso me deja tranquilidad emocional”, dice, aunque reconoce que el camino ha sido complejo y que se ha tenido que reconstruir como persona.
Además del impacto personal, la situación ha afectado su vida laboral, ya que como muchos cuidadores, enfrenta discriminación y limitaciones para acceder a empleos estables, debido a los horarios y a la imposibilidad de dejar solo a su familiar.
“Somos relegados laboralmente porque no podemos descuidar a quien depende totalmente de nosotros”, señala.
Por ello, la reciente aprobación de una ley que reconoce a las personas cuidadoras representa para Julio y muchos más una esperanza real.
“Tener acceso a apoyos puede marcar la diferencia”, afirma.
Su lucha, asegura, no se detendrá, porque cuidar también es un acto de amor, pero no debería ser una condena al abandono institucional.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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