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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 10 de septiembre de 2026.- El fallecimiento de un estudiante ocurrido este martes en instalaciones de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que va más allá de un caso particular: ¿qué tan preparados están los jóvenes y las instituciones educativas para detectar y atender a tiempo una crisis de salud mental?
La pregunta cobra relevancia a la luz del propio diagnóstico realizado por la UASLP. El pasado 1 de septiembre, la institución presentó los resultados de su Diagnóstico de Salud Mental Estudiantil 2025, elaborado a partir de una muestra aleatoria y representativa de 2 mil 204 participantes.

Entre los resultados, la universidad reportó que 18.7 por ciento de los participantes presentó indicadores correspondientes a depresión grave y 14.8 por ciento registró riesgo de autolesión. También se identificaron distintos niveles de ansiedad, estrés postraumático y otros indicadores que, de acuerdo con los investigadores, deben utilizarse como señales para fortalecer las estrategias de prevención.
La propia UASLP hizo una precisión importante: estos resultados no constituyen diagnósticos clínicos, sino instrumentos de tamizaje que permiten identificar posibles problemáticas y dimensionar las necesidades de atención de la comunidad estudiantil. La universidad también advirtió que las cifras deben interpretarse con prudencia.
El panorama estatal tampoco es menor. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI, San Luis Potosí contabilizó 255 defunciones por suicidio durante 2024, de las cuales 212 correspondieron a hombres y 43 a mujeres. Las bases del instituto permiten consultar la evolución de los suicidios en la entidad por sexo y grupos de edad.
A nivel nacional, el INEGI reportó que los grupos de 15 a 24 años y de 25 a 34 años concentraron en 2023 los mayores porcentajes de defunciones por suicidio, con 24.4 y 28.1 por ciento, respectivamente.
La dimensión juvenil es particularmente relevante porque la Organización Mundial de la Salud considera al suicidio una de las principales causas de muerte entre personas jóvenes. La prevención requiere identificar oportunamente los factores de riesgo y facilitar el acceso a atención profesional.

El reto, advierten las instituciones de salud mental, no consiste únicamente en atender a quien ya se encuentra en una crisis, sino en identificar cambios que puedan indicar que una persona necesita ayuda.
Entre las señales que deben tomarse en cuenta están los cambios importantes en el comportamiento, aislamiento, desesperanza persistente, deterioro en las actividades cotidianas, alteraciones importantes del estado de ánimo o expresiones relacionadas con hacerse daño.
En el caso de los universitarios, estas situaciones pueden coexistir con problemas académicos, económicos, familiares o personales. Sin embargo, ninguno de estos factores debe presentarse como explicación automática de una conducta suicida, pues se trata de un fenómeno complejo en el que pueden intervenir múltiples circunstancias.
La propia UASLP reconoce la importancia de la detección temprana. Su rector, Alejandro Javier Zermeño Guerra, señaló durante la presentación del diagnóstico que uno de los objetivos es identificar oportunamente los casos que requieren atención y fortalecer las redes de apoyo entre estudiantes.
La institución informó además que durante el último año Psiquiatría atendió a 2 mil 837 integrantes de la comunidad universitaria, mientras que se otorgaron mil 785 consultas psicológicas y 572 psiquiátricas.
Apenas un día después de presentar el diagnóstico, la UASLP anunció también el fortalecimiento de su programa de Primeros Auxilios Psicológicos para Estudiantes, destinado a brindar contención inicial, identificar factores de riesgo y canalizar a quienes requieren atención especializada. El servicio se mantiene disponible para estudiantes mediante llamadas, WhatsApp, mensajes y videollamadas.

La universidad informó que el programa atiende a sus más de 35 mil estudiantes de licenciatura y posgrado y cuenta con atención las 24 horas, los 365 días del año.
El desafío, por tanto, no solamente está en que existan servicios de atención, sino en que los estudiantes sepan que existen, se atrevan a pedir ayuda y puedan ser canalizados antes de que una crisis alcance un punto crítico.
El fallecimiento ocurrido este martes deberá ser esclarecido por las autoridades correspondientes. No corresponde atribuirlo, sin evidencia, a la presión académica, a problemas personales o a una condición específica de salud mental.
Pero sí deja una pregunta que permanece abierta para las universidades, las familias y la sociedad: ¿estamos detectando las señales de alarma a tiempo o seguimos esperando a que ocurra una tragedia para hablar de salud mental?
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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