“Andy”: ¿acusado de “infanticidio”?
Teresa Gil
[email protected]
Por lo general, todos los artistas son solidarios. Pero el caso de Rodrigo Aridjis, el pintor michoacano que nació en Contepec, se pasa de la raya. Me ha hecho diez portadas siempre con una sonrisa y ahora se ufana por presentar las obras de reconocidos pintores españoles, que le cedieron sus trabajos para que circulen por México. En estos días estarán por segunda vez en el Metro de la Ciudad de México. Espacios muy buenos para presentar estas exposiciones, por el número de gente que pasa por cada estación. He estado en algunas de esas exposiciones y es un buen porcentaje de gente que se detiene a ver las obras. Uno más de los servicios que da el Metro en este caso a los artistas. Vale recordar aquella crónica en la que el pintor de innumerables exposiciones aquí y en el extranjero, separando sus obras de gran colorido, trajo a la memoria al gran poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, que murió en México en un accidente de tráfico. Blanco fue el autor del poema Píntame angelitos negros, que llevó a la canción Angelitos negros de Manuel Álvarez Rentería.
Aridjis es de una familia de artistas. Su tío abuelo es el famoso poeta Homero Aridjis —doble con Octavio Paz en una historia de la poesía mexicana—, y su madre, Yvonne, es una paisajista reconocida en el medio. Ella y su hijo han utilizado ese espacio generoso del Metro para sus exposiciones. En la pintura de Rodrigo, por su gran colorido, llama la atención el toque arlequinado de todos sus cuadros, pero para nosotros los profanos, la cosa no es tan sencilla. Hay una complejidad en cada trabajo que se inicia en esas figuras, cuyas cabezas flotan alejadas de los cuerpos. Es como si estuvieran inspiradas en esas filosofías que separaban el cuerpo de la mente. Ha recorrido la gran ciudad con sus exposiciones, desde la Lotería Nacional, a la Lagunilla, al espacio arqueológico de Cuicuilco y las alcaldías. Uno de sus temas específicos, La ciudad y sus personajes, incluye globeros, bailarinas, gritones, gatos, niños jugando y, en una asimilación a esos personajes, el Metro, los edificios, los carros...
En una charla, como una alegoría ante el colorido de su obra, se trajo a colación la canción Angelitos negros, tomada del poema Píntame angelitos negros, al cumplirse los setenta y un años del fallecimiento de su autor, Andrés Eloy Blanco, poeta y escritor venezolano, para recordar que hizo de su poesía un himno contra la discriminación. Eloy nació en 1897 y murió en 1955, al parecer en la Ciudad de México. Además de humorista y político, trabajó junto al gran escritor de Doña Bárbara, expresidente de Venezuela, Rómulo Gallegos. Hombre de vanguardia, activista, estuvo en la cárcel varias veces por oponerse a los gobiernos tiranos de Venezuela. En este momento, si viviera, estaría en pie de lucha, en su país. Lo criticaban, pero, como una especie de respuesta, toda la gente cantaba en ese entonces la canción que se hizo famosa por su poema y que, entre muchos, la cantó Pedro Infante: Angelitos negros.
Con Aridjis, el pintor de los grandes y hermosos coloridos, tocar el negro en una canción que tiene tantas connotaciones y cuando hay una gran reivindicación, sobre todo en México, a los afromexicanos, es unir la creatividad del colorido con el hermoso tono oscuro que, a la par, nos trasciende la naturaleza. Admiremos al pintor y cantemos aquellos Angelitos negros.





