SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 28 de mayo de 2019.- Ropa, zapatos, libros, herramientas, antojitos mexicanos y hasta antigüedades son los artículos que cualquier persona puede adquirir en el tradicional mercado que desde hace al menos 50 años, se instala cada jueves en el barrio de San Juan de Guadalupe, de la capital potosina.

Desde las seis de la mañana los comerciantes comienzan a instalarse en el jardín, que se encuentra frente al templo del barrio sobre la avenida Himno Nacional y entre las calles Prolongación Pedro Vallejo, Escandón y Sacristía.

Si lo que el cliente busca es abastecerse de frutas y verduras, o degustar antojitos como gorditas, quesadillas, taquitos rojos y de pancita, acudir a puestos que se encuentran sobre el jardín es buena opción; en el resto de las calles, los giros son tan variables que hasta una historia de vida se puede llevar.

Muchos de los comerciantes son oriundos del barrio, pero también llega gente de muy lejos que adopta las costumbres y se considera parte de San Juan de Guadalupe, pues hay quienes llevan más de 35 años trabajando ahí y desde niños acompañaban a sus padres, posteriormente heredaron el negocio y al casarse, ahora acuden con su familia.

Si bien el lado favorito -al menos para los amantes de las garnachas- es el jardín, al echar un vistazo a las calles donde se encuentra la ropa -en su mayoría de segunda mano y a bajo precio- hay más que una simple cháchara.

La señora María Guadalupe Herrera -o doña Lupita, como se le conoce,- acumula 35 años de tianguista y recuerda que en un principio se instalaban pocos vendedores, “no más de ocho y sólo en la parte del jardín”, dice.

En un pequeño puesto ofrecía ropa, libros, lámparas, algunos juguetes, peluches, figuritas de acción y hasta muñecas, ahora cuenta con más espacio. Recién casados, doña Lupita y su esposo atendían el negocio de su suegra, pero en algún decidieron independizarse y abrir un bazar propio.

Recuerda que trabajaba y cuidaba a sus hijas en el negocio familiar, donde llegaban desde las cinco de la mañana para instalarse y poder meter la camioneta entre las estrechas calles. “Cuando empecé a vender, la más chica de mis hijas tenía tres años y lo que hacía era colocar los llamados burros, que son unos bancos o tablas con una cobija encima para hacer una especie de sombra, ahí metía a mis niñas a dormir”, recordó.

Ahora doña Lupita tiene la dicha de ver a sus nietos formar parte del patrimonio que durante 35 años construyó con su esposo, cada jueves, sin importar el aire, frío, lluvia o calor. Es posible encontrarla en la calle Sacristía.

El señor José Luis González García lleva casi 20 años instalándose en el tianguis, “vamos a decir que llevo unos ocho o nueve años, para no poner tantos”, dice a manera de broma. Se dedica a vender artesanías y antigüedades, algunas de ellas partes de su colección.

Como amante del arte plasmada en tallados, pinturas y figurillas de madera y bronce, considera que es muy difícil que hoy en día una persona aprecie el arte y adquiera los objetos. Señala que en algunas ocasiones se le ha dificultado desprenderse de algunos objetos ya que “todo forma parte de uno, lo que traigo de venta lo hago con mucha pasión”.

Se considera parte de San Juan de Guadalupe, pero no un personaje, ya que la vida del señor José Luis es deambular de barrio en barrio entre los tianguis para adquirir y dejar sus preciados objetos de colección, gusto que surgió luego de que en algún episodio de su vida trabajara en tiendas de antigüedades.

Aunque en la actualidad podría complicarse la movilidad por el cierre de estas calles cada semana, sería difícil un reacomodo, máxime porque los comerciantes tienen el respaldo de medio siglo de productividad.