SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 19 de abril de 2020.- Con la publicación del proyecto de la Guía para la Asignación de Recursos de Medicina Crítica, enviada al Consejo de Salubridad General (CSG), el personal médico que hará frente a los momentos más trágicos de la pandemia de Covid 19 en México tendrá en sus manos decisiones de vida o muerte más complicadas que nunca: deberán decidir -en el sentido más literal- la vida de quién vale la pena salvar para utilizar los escasos recursos médicos del sistema de salud en el país, una vez iniciada la fase 3 de esta pandemia.

De acuerdo con la explicación técnica plasmada en el documento, será necesario que apliquen estos criterios una vez que la capacidad en espacios de cuidados intensivos se vea rebasada y sin la posibilidad de salvar la vida a todos los enfermos de este nuevo padecimiento viral, cuya gravedad se hace presente en el cinco por ciento de las personas que la contraen. Todo indica que los ancianos o gente con problemas de salud como diabetes, hipertensión y obesidad, serían los primeros en descartar.

En dos secciones, justifican la forma en que se asignan los recursos médicos y describen los pasos para su correcta utilización; los más jóvenes serían prioridad para intentar salvarles la vida ante un escenario con escasez de bienes, refieren el ejemplo de una máquina de oxigenación y cómo asignarlo debidamente es igual a decidir quién morirá, aunque argumenten que más bien eligen a quien vivirá: “La muerte, o daño que sufre, el otro paciente(s) se prevé pero no se busca intencionalmente”.

¿YA VIVIERON LO SUFICIENTE?

De acuerdo con sus principios de justicia para asignar recursos de medicina crítica escasos, aquel paciente cuya salud está más deteriorada es quien debe de recibirlos, pero no será así si consideran que será en vano y de cualquier forma tiene pocas posibilidades de salvar su vida, o bien, le quedan menos años por delante si se salva.

Los ejemplos sobre esta cruel metodología son bastante detallados respecto a cuáles grupos de edad llevan ventaja en caso de contraer el virus Covid 19 y terminar en un hospital:
“Cuando solo tenemos un ventilador y hay dos pacientes: un paciente A de 80 años y un paciente B de 20 años. Supongamos que, si el paciente A recibe el ventilador, vivirá siete años más y si paciente B recibe el ventilador, vivirá 65 años más. Para solucionar este problema se tiene que introducir un principio adicional: salvar la mayor cantidad de vidas por completarse”.

Pero no solo eso, el término “empate” suena más espantoso que nunca cuando afirman que entre las vidas en competencia, llegarán a decidir al azar -como en un volado- quién recibirá los recursos médicos para librar la batalla.

También refieren la creación de equipos de triaje (necesario en urgencias y emergencias) para la atención médica crítica, que incluyen un internista o urgenciólogo, un segundo oficial de profesión en enfermería intensivista y alguien del área administrativa.

ENFRENTAR A LAS FAMILIAS

Además de librar batallas por la vida de los enfermos, con el riesgo de contagio, el personal arriba descrito tendrá la responsabilidad de notificar las decisiones o resultados del “volado” a ambas familias; en este escenario, se han despertado muchas suspicacias acerca de posibles conflictos de interés al elegir quién sobrevive, pues nada descarta que puedan llegar a tratar con seres queridos, amigos, o cualquier otro vínculo que pueda influir en su decisión.

Como mero discurso, el documento oficial -que será publicado en el Diario Oficial de la Federación una vez se apruebe por el pleno del CSG- indica que el personal médico a cargo no deberá ser influenciado por afiliaciones políticas o religiosas; si el paciente es jefe o jefa de familia, su valor social percibido, nacionalidad o estatus migratorio, género, raza, preferencia sexual ni discapacidad.

Los únicos casos excepcionales, en que los médicos podrán mostrar una tendencia, es cuando se trate de personal del Sector Salud, pues por obviedad resultan personas “necesarias” para seguir combatiendo la pandemia de Covid 19 en México.

LA UNAM SE DESMARCÓ

Enseguida de haberse presentado el documento por la Comisión Nacional de Salubridad, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) salió al claro para desmarcarse del contenido, rechazando así que la casa de estudios hubiese colaborado en la integración de la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, para la toma de decisiones del personal médico en el escenario más catastrófico del Covid 19.

Puntualmente señalaron que el rector de la universidad, Enrique Graue Wiechers, es vocal titular del consejo, pero “jamás fue convocado a sesión plenaria alguna para analizar el documento, discutirlo y entonces tomar la decisión de aprobar la citada guía”.

No obstante, en la lista de referencias aparecen varios colaboradores de UNAM, como la Dra. Asunción Álvarez del Río, profesora e investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina; además de la Dra. Pauline Capdevielle, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y miembro del Colegio de Bioética, A.C.

Destaca como parte de los redactores la Dra. María de Jesús Medina Arellano, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, miembro del comité de ética del Consejo de Salubridad General, miembro del Colegio de Bioética, A.C., miembro del Consejo Directivo de la Asociación Mundial de Bioética (International Association of Bioethics) y consejera del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Bioética en México.