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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 28 de septiembre de 2025.- En México, entre 3 y 6 por ciento de la población sufre algún tipo de trastorno de pánico, de acuerdo con especialistas en psiquiatría y psicología clínica.
Esto significa que millones de personas viven con episodios de angustia repentina, sensación de muerte inminente, falta de aire, taquicardia o mareos que pueden durar entre 10 y 30 minutos, pero cuyo impacto trasciende mucho más allá de ese lapso.
¿Qué los provoca?
Los ataques de pánico pueden tener origen multifactorial:
• Genético: antecedentes familiares de ansiedad o depresión.
• Biológico: desbalances en neurotransmisores como la serotonina.
• Psicológico: estrés, traumas no resueltos, duelos o experiencias violentas.
• Social: presión laboral, escolar, inseguridad o crisis económicas.
En contextos como el trabajo o la conducción de un vehículo, estas crisis pueden poner en riesgo tanto a la persona como a quienes la rodean, aunque rara vez se reconocen como un factor desencadenante de accidentes.

¿Cómo apoyar a alguien en un ataque de pánico?
La empatía y la calma son claves. Especialistas recomiendan:
• No minimizar lo que siente (“no es nada”, “cálmate”) porque agrava la sensación de incomprensión.
• Hablar con voz tranquila y recordarle que el episodio pasará pronto.
• Guiarlo en ejercicios de respiración lenta y profunda.
• Llevarlo a un espacio ventilado y libre de estímulos que lo sobrecarguen.
¿Y si son niños?
La ansiedad y los ataques de pánico no son exclusivos de adultos. En niñas, niños y adolescentes pueden manifestarse como dolores de estómago recurrentes, miedo a separarse de los padres o rechazo escolar. En estos casos, la recomendación es:
• Escuchar sin juzgar.
• Evitar regaños o etiquetas como “exagerado” o “miedoso”.
• Acudir a un especialista en salud mental infantil que pueda orientar a la familia en el proceso.

Superar el trastorno de pánico sí es posible, pero requiere un abordaje profesional. Las opciones incluyen:
• Terapia cognitivo-conductual, para aprender a identificar y modificar pensamientos catastróficos.
• Psicoterapia de apoyo para trabajar emociones y experiencias traumáticas.
• Medicamentos ansiolíticos o antidepresivos en casos moderados o graves, siempre bajo supervisión médica.
• Hábitos de autocuidado: ejercicio regular, higiene del sueño, reducción de cafeína y alcohol.
El pánico y la ansiedad son padecimientos invisibles que suelen confundirse con debilidad o nerviosismo.
Hablar de ellos como un problema de salud pública es necesario para romper el estigma, garantizar atención accesible y reconocer que, en México, los trastornos de pánico no son una rareza: son una realidad que afecta a millones de personas en silencio.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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