Morena abre registro para coordinaciones distritales federales
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 3 de octubre de 2026.- Hay rupturas políticas muy estridentes y otras que se revelan solas cuando llega la hora de hacer cuentas.
La de Gabino Morales y Guillermo Morales pertenece a las segundas. Más allá del encontronazo reciente entre el diputado federal y quien fue su relevo al frente de la Súper Delegación Bienestar, lo más incómodo no está en saber quién traicionó a quién, sino en qué dejaron construido los dos después de casi ocho años de tener en sus manos una de las estructuras territoriales más poderosas del Gobierno federal en San Luis Potosí.
Gabino Morales llegó a la Delegación de Programas para el Bienestar en 2018, en el arranque del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, su máximo protector, y ahí permaneció hasta noviembre de 2023. No fue un funcionario cualquiera: fue la figura central de la operación territorial de la entonces naciente Cuarta Transformación en el estado y contó, desde el principio, con el respaldo público de Obrador, quien salió en su defensa en varias ocasiones frente a los reclamos por su designación.
Cinco años después, Gabino dejó la delegación para buscar una candidatura plurinominal y entregó la estafeta a Guillermo Morales López. No fue un relevo burocrático, sino la transmisión de una estructura política y territorial entre dos personajes que habían compartido amistad, militancia, territorio y proyecto. El propio Gabino presentó a Guillermo como su “amigo, compañero de lucha y camarada” y sostuvo que en sus manos quedaba la responsabilidad de dar continuidad y fortaleza al trabajo de Bienestar en el estado.
Tres años después, esas palabras se diluyeron en la inquina, Gabino Morales exige investigar a Guillermo Morales por las denuncias de acoso laboral, abuso de poder, intimidación, nepotismo, corrupción y posible desvío de recursos. Son señalamientos formulados por varios perfiles y replicados ahora públicamente por el diputado federal, pero siguen sin ser confirmados por ninguna autoridad; precisamente por eso, lo procedente no es convertirlos en sentencia, sino exigir que, si existen denuncias, sean investigadas.
Pero el problema político es todavía más profundo: durante la gestión de Guillermo Morales se acumularon señalamientos públicos sobre irregularidades en la operación de Bienestar. En 2025, por ejemplo, un extrabajador denunció el uso irregular de recursos durante la veda electoral por más de cinco millones de pesos, además de acusaciones de acoso laboral y uso político de programas sociales. También circularon documentos y declaraciones relacionados con contrataciones irregulares y con la incorporación del padre del delegado a la estructura de la dependencia. Guillermo ha rechazado que su salida tenga relación con alguna investigación y sostuvo que, si existen denuncias, está dispuesto a aclararlas.
Pero sería demasiado sencillo reducir todo a esas acusaciones.
La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿qué hizo Morena del 2018 a la fecha con todo ese poder territorial?
Bienestar no era una oficina menor. Era una estructura desplegada por todos los estados, con servidores de la nación, coordinadores regionales, programas sociales y presencia permanente en municipios y comunidades. Gabino la encabezó en SN Luis durante casi cinco años. Guillermo recibió el cargo y lo condujo durante casi tres. Y, sin embargo, cuando Morena tuvo que mirar hacia adentro para encontrar un perfil capaz de encabezar su proyecto rumbo a 2027, la dirigencia terminó recurriendo a Elí César Cervantes.
Todavía más penoso: Ariadna Montiel no necesitó utilizar una palabra incómoda para describir la historia. Lo dijo con la mayor cautela posible, en una frase más que generosa: "a los cuadros de Morena en San Luis Potosí todavía les falta desarrollarse".
Y así, después de casi ocho años de tener una plataforma territorial de esa magnitud, la duda inevitable que parece no tener respuesta es qué clase de desarrollo político produjo. ¿Dónde están los cuadros formados? ¿Dónde están los liderazgos municipales? ¿Dónde está la estructura partidista capaz de caminar sin depender de los funcionarios de turno? ¿Dónde está el trabajo de formación política que convierta una estructura gubernamental en un partido?
Ese fue el sello de los dos Morales: una estructura federal que no pudo convertirse jamás en estructura partidista.
Gabino salió de Bienestar en 2023 para buscar una candidatura. Guillermo acaba de hacer prácticamente lo mismo: dejó el cargo y para incorporarse al proceso electoral rumbo a 2027, aunque sin abrir públicamente la posición que busca. La coincidencia más allá del apellido, resulta difícil de ignorar.
Primero el control territorial, después la disputa por la posición política. Pero a ambos les quedó pendiente la tarea menos vistosa y más importante: hacer partido.
Sus errores también explican buena parte de la fractura actual, no existe una estructura política suficientemente institucionalizada y los grupos terminan dependiendo demasiado de las personas, de sus lealtades, de sus operadores y de sus intereses electorales.
Eso es precisamente lo que hoy parece estar ocurriendo en Morena. Gabino Morales y Guillermo Morales alguna vez fueron compañeros de lucha y recorrieron juntos el territorio potosino, pero hoy uno pide investigar al otro. Mientras tanto, Rita Ozalia Rodríguez salió en defensa de Guillermo y rechazó que su salida obedeciera a irregularidades, aunque sostuvo que cualquier señalamiento debe investigarse por las vías correspondientes.
Es decir: la fractura ya no está solamente entre dos Morales, sino que exhibe las costuras de Morena en San Luis Potosí.
Quizá por eso la designación de Elí César Cervantes debe leerse con mayor profundidad. No solamente como el nombre poco conocido que ahora encabezará los trabajos rumbo a 2027, sino como la oportunidad para que (a ver si ahora sí) Morena se pregunte qué quiere construir en San Luis Potosí: plataformas personales o una estructura que sobreviva a los grupos y a sus ambiciones.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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