Ernesto Ruffo es inocente
López Beltrán convierte un problema personal en causa nacional y pretende dictarle a Washington una lección de democracia
Estados Unidos le cancela la visa y él responde como si hubieran mancillado la bandera mexicana. Andrés Manuel López Beltrán reclama, insulta, pontifica y hasta pretende decirle a Donald Trump a quién debe conservar en su gabinete. Lo que su carta revela no es grandeza patriótica, sino un desparpajo insolente y una desmesurada idea de sí mismo
Alberto Carbot
Hay cartas que retratan a quien las escribe mucho mejor que cualquier biografía, y la que Andrés Manuel López Beltrán dirige a Donald Trump es una de ellas. Tres páginas —una conteniendo más de 20 líneas inquisitivas en un solo párrafo—, bastan para encontrar al personaje entero, al hijo del expresidente convertido súbitamente en víctima del imperialismo, paladín de las libertades, defensor de la soberanía, profesor de democracia y, si uno sigue leyendo, casi Niño Héroe dispuesto a envolverse en la bandera antes de arrojarse desde el Castillo de Chapultepec. Y todo, porque el gobierno de Estados Unidos canceló su visa.
Le retiraron su visa, la del mismísimo San Andrés Manuel López Beltrán, un documento migratorio personal. No deportaron a México entero, no declararon persona non grata a la nación, ni bloquearon las remesas; tampoco cerraron la frontera ni rompieron relaciones diplomáticas. Pero Andy —aunque le disguste que lo llamen así—, ha convertido el episodio en una afrenta histórica y termina hablando de dignidad de los pueblos, persecuciones políticas, autoritarismo y gobiernos con rasgos “hitlerianos”.
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