Vendrá más austeridad en Pemex
Por Carlos Ramírez
Como la Scherezade de Las mil y una noches, el secretario de Economía dice un día sí y otro también que el Tratado ya está, que México ganó y que Donald Trump está doblando las manos. Pero la realidad tiene otros datos.
La estrategia del presidente Trump fue muy clara desde el principio: abandonar la globalización, reorganizar las cadenas productivas para retornar a territorio americano las empresas que salieron para aprovechar la mano de obra barata en otras naciones y regresar a los acuerdos bilaterales estrictamente arancelarios para no seguir entregando empresas a otros países.
Pero la parte más importante del T-MEC 2.0 es la persistencia del principio de geopolítica y seguridad nacional que aprobó en 1990 el presidente George Bush Sr., a partir de su experiencia como director general de la CIA: Estados Unidos no tiene aliados, ni socios, ni amigos, sino intereses.
En ese sentido, el presidente Trump ha mantenido la continuidad de la estrategia geopolítica y de seguridad nacional que estuvo contenida en el alma del TLC 1.0, que había definido el experto en estabilizaciones de seguridad nacional enviado a México como embajador, justamente para dominar las políticas exteriores de naciones que formaban parte del círculo de protección del proyecto hegemónico estadounidense: John Dimitri Negroponte.
Aquí hemos reiterado y subrayado el memorándum que Negroponte le envió de manera urgente al subsecretario de Estado Bernard Aronson en 1990 para que la Casa Blanca obligara, sobre todo a su Poder Legislativo, a entender la lógica de la consolidación del expansionismo estadounidense, justo en la coyuntura de la caída del eje socialista internacional y el desmoronamiento de la Unión Soviética entre 1989 y 1991.
En ese escenario se fijó el contenido geopolítico para México y para Estados Unidos del Tratado. Y del lado de México operó la reorganización productiva para subordinar su precaria y dependiente economía a las necesidades estadounidenses, pero no solo en materia de cadenas productivas y de consumo, sino también para encontrar en el Tratado la forma de derrotar la política exterior nacionalista de México.
El contenido del memorándum de Negroponte, publicado por la revista Proceso, ha sido el contexto en que el secretario mexicano Ebrard Casaubón no ha podido, no ha querido o no lo han dejado negociar, y que ha permitido que el escenario de la seguridad nacional de EU y la subordinación de la política exterior de México, antes progresista, sigan como el punto más importante de negociación, por encima de los aranceles.
El memorándum de Negroponte resumió en un párrafo, que aquí se ha repetido hasta la saciedad y que hoy tiene que subrayarse en el contexto del “ya merito” sale el T-ME (sin la C de Canadá) 3.0:
“El prospecto del TLC debe ser visto en el contexto de esas tendencias reformistas que comenzaron a la mitad de los años ochenta (con De la Madrid) y que fueron aceleradas dramáticamente cuando Salinas tomó el poder en 1988. La propuesta de un TLC es de alguna manera la piedra que culmina y asegura estas políticas (neoliberales). Desde una perspectiva de política exterior (de EU), un TLC institucionalizaría la aceptación de una orientación estadounidense en las relaciones exteriores de México (…) En cierta manera, la adopción de un TLC nos ayudaría a poner de forma abierta y legítima lo que muchos sienten debería hacer la relación entre México y Estados Unidos hace mucho tiempo”.
El memorándum de Negroponte señaló que el contenido de las reformas que reforzó el Tratado sería un candado para el continuismo del proyecto económico neoliberal de México:
“En el frente económico, un TLC podría ser visto como un instrumento para promover, consolidar y garantizar la continuidad de las políticas de reforma (neoliberal) en México más allá de la administración Salinas”.
Y Ebrard extendería este esquema neoliberal del Tratado hasta 2036 y más allá.
Este es el contexto que está negociando el secretario Ebrard y que se resume en la continuidad y sobrevivencia en México del neoliberalismo, que goza de cabal salud, sin olvidar que el funcionario formó parte del gabinete político del presidente Salinas y estuvo totalmente de acuerdo con el Tratado que marcó el destino de México.
Pero para nadie es un secreto que Trump está prodigando los aranceles y su sucesor profundizará esas condiciones, sea demócrata o republicano, porque la globalización no le sirvió para gran cosa a EU.
Internamente, México perdió la gran oportunidad de una modernización productiva en el largo ciclo de 1994-2030. Y seguirá en el furgón de cola de EU.
Política para dummies: la política se disfraza de política para ser y hacer política.
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.





