Filosofía sin escrúpulos
En México, la palabra señora no siempre nombra; con frecuencia desplaza. No reconoce una trayectoria ni concede un lugar: lo retira. Aunque suele presentarse como una forma de cortesía, en el uso cotidiano se ha cargado de sentidos que poco tienen que ver con el respeto y mucho con la exclusión.
El lenguaje no es neutral: refleja y reproduce relaciones de poder, jerarquías sociales y estereotipos culturales (UNAM, 2020). Desde esa perspectiva, resulta necesario revisar cómo ciertas palabras, normalizadas en la vida diaria, terminan funcionando como mecanismos de descalificación.
El blog La cadera de Eva recupera un punto clave: la Comisión de Derechos Humanos ha estudiado y se ha pronunciado sobre el uso peyorativo de la palabra señora cuando se emplea para ridiculizar, invalidar o discriminar a las mujeres. No se trata de una susceptibilidad exagerada, sino del reconocimiento institucional de que ciertas expresiones producen violencia simbólica.
Este uso no ocurre solo en el espacio público o en las redes sociales; también aparece en entornos académicos y profesionales. Basta pensar en un intercambio común en chats o conversaciones donde, al formular una pregunta legítima o una intervención técnica, alguien responde con una aparente cortesía que en realidad infantiliza y desautoriza. No se duda del argumento, sino de la capacidad de quien lo emite, disfrazándolo de un término que debería ser respetuoso.
Para entender la dificultad de encontrar una forma de tratamiento que siempre funcione como respeto, vale la pena comparar con otras lenguas. En francés, el término madame proviene de la expresión ma dame, que literalmente significa “mi señora” y se usa como título de respeto hacia una mujer adulta en contextos formales y educados (Linguavoyage, 2024). Así, en la cultura francófona madame funciona como un reconocimiento explícito de respeto y cortesía en la interacción social.

La diferencia central radica en cómo se perciben esos términos en cada cultura. En Francia, madame es aceptado como forma educada de dirigirse a una mujer, sin connotaciones de burla o desautorización, aunque su uso también está sujeto a normas culturales y cambios generacionales. En México, por el contrario, la palabra señora con frecuencia clasifica y, en muchos casos, excluye.
A partir de cierto momento —difuso, impuesto y casi siempre ajeno a la voluntad de quien lo recibe— la mujer deja de ser vista como interlocutora válida y pasa a ser alguien a quien se le pide moderación, silencio o retiro. El contraste con el término señor, que conserva, en general, una carga de respeto y autoridad, es evidente.
La frase que circula en redes sociales, “Ya siéntese, señora”, condensa esta lógica. A muchos les parece graciosa. No lo es. Contiene una orden simbólica: callar, hacerse pequeña, abandonar el espacio de la opinión. No se responde a lo dicho, sino a lo que se supone que quien habla representa.
Ante esta crítica suele surgir la pregunta: ¿entonces cómo referirse a una mujer sin clasificarla ni excluirla? La respuesta es sencilla y, al mismo tiempo, profunda: por su nombre.
Mijaíl Bajtín sostiene que el nombre no es un detalle menor. Nombrar es reconocer al otro como sujeto y otorgarle un lugar en la interacción social (Bajtín, 1982). El nombre propio no juzga ni jerarquiza; reconoce. Cuando usamos el nombre, dejamos de reducir a la persona a una categoría y la situamos en el terreno del diálogo.
El problema no es que ya no se pueda decir nada, sino que se nos exige un mínimo de responsabilidad lingüística. Nombrar bien no es censura: es respeto. El lenguaje no solo refleja la realidad; la construye. Y mientras sigamos usando la palabra señora como una forma de desautorización sutil, seguiremos reproduciendo una idea profundamente injusta: que la voz de las mujeres tiene fecha de caducidad.
Nombrar importa. Porque en ese acto también se juega la dignidad.
Referencias
Bajtín, M. (1982). Problemas de la poética de Dostoievski. Fondo de Cultura Económica.
Linguavoyage. (2024). Madame: Addressing women in French. https://www.linguavoyage.org/fr/5821.html
Linguavoyage. (2024). Madame: A linguistic journey through the feminine. https://www.linguavoyage.org/fr/16136.html
UNAM. (2020). Lenguaje incluyente y no sexista. UNAM.
