Alerta por suplantación
Teresa Gil
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Ya nos imaginamos la felicidad que tendrá cada persona cuando se entera de que nació el mismo día que un gran personaje. No lo igualarán en valores, quizá, pero habrá en esas personas el gusto por saber que comparten una fecha que, de acuerdo con esos que analizan los días del año, tendrá determinada significación que alcanza a todos. Es heredar de aquel personaje algo suyo.
Han de saber una cosa maravillosa: tanto Mijaíl Lérmontov (1814), quien junto con Aleksandr Pushkin es uno de los grandes poetas de Rusia; Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844); Oscar Wilde (1856) y el español Enrique Jardiel Poncela (1901) nacieron los cuatro el 15 de octubre.
Ya se imaginarán qué día nací yo, muchas décadas después, por lo que al menos los tres primeros personajes han sido una constante en mi vida. Pero ahora escribiré sobre Jardiel Poncela.
Hubo un tiempo, hace muchas décadas, en que el español Jardiel Poncela era mencionado muy a menudo en México, allá por fines de los 50 y principios de los 60 del siglo pasado.
Circulaban muchos de sus libros. Se le mencionaba a menudo por su humor absurdo y, a veces, un poco duro. Su larguísima obra tiene novelas y narraciones diversas, en las que destacan situaciones del teatro del absurdo que estaba de moda en esos tiempos y que, en su caso, era considerado inverosímil e ilógico.
No obstante, tenía mucho público. Fue uno de los escritores que destacaron en esa época, desde los años 30 del siglo pasado hasta su temprana muerte, a los 52 años.
La crítica planteada por Poncela, de acuerdo con una nueva perspectiva, ya tiene un tono diferente de reivindicación.
Nuevos estudios y análisis sobre este escritor, diferentes de los de aquel entonces, ahora se publican para exhibir una expresión nueva.
En aquella obra extraña y muy leída, pese a sus críticas, se encuentran posturas diferentes sobre la crítica que hacía a la sociedad española. Estas se han hallado y se expresan entre sus muchas obras.
Se menciona en especial la que se considera su obra cumbre, Eloísa está debajo de un almendro (Vicens Vives, 2023), seguida por Espérame en Siberia, vida mía, El cadáver del señor García, Hubo alguna vez once mil vírgenes, Usted tiene ojos de mujer fatal y Un marido de ida y vuelta, como algunos ejemplos, todos con títulos muy singulares.
Vale la pena recurrir a algunas de esas obras para aquilatar esa forma de escribir y conocer las expresiones de la época literaria de aquella España de su tiempo.
Como se mencionó, a fines de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, hubo muchas de sus obras circulando por aquí. Incluso él estuvo en América del Sur en cierta ocasión y también en Hollywood, donde participó con sus letras en filmes.





