Con la filtración del nuevo expediente de la FGR, sobre la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, publicada por el diario Reforma, la infame “verdad histórica” colapsa de nuevo.

Según el documento, un testigo colaborador, identificado como “Juan”, afirma que el Ejército fue cómplice en la noche negra de Iguala, como han insistido familiares de los desparecidos. Relata que policías municipales y sicarios “levantaron” a los 43 y por lo menos a otras treinta personas; que un grupo fue interrogado en las instalaciones del 27º. Batallón de Infantería del Ejército y luego entregados, algunos sin vida, a los exterminadores del cártel Guerreros Unidos para destazarlos, disolverlos en ácido o incinerarlos.

El tal “Juan”, detalla como al menos veinte indigentes fueron convertidos en cenizas para confundir a los sabuesos de la PGR; que el dinero del trasiego de opio salpicó a generales, capitanes y tenientes; también a policías federales, cuyo coordinador en Guerrero era el hoy secretario de Seguridad de la Ciudad de México, Omar García Harfush, a quien aceitaban con 200 mil dólares mensuales y con 50 mil al entonces procurador guerrerense, Iñaki Blanco. Ambos personajes niegan la versión.

El presidente López Obrador dio por bueno el expediente exhibido por Reforma; dijo ignorar como el diario consiguió la copia, pero afirma que es auténtica. Esto no quiere decir que de crédito a las revelaciones del testigo colaborador.

El testimonio de “Juan” será verdad o mentira, pero es un hecho que hay un capitán preso y que la FGR busca a 17 soldados prófugos, que, si se vendieron, la pagarán muy caro.

Mientras aflora la “verdad verdadera”, las cenizas del pavoroso caso Ayotzinapa, aún arden, queman… y tiznan.