En el escenario de la cultura social responsable, como no recordar aquellos tiempos de un auto de carreras emblemático que figuraba en la televisión, en las portadas de las revistas de deportes y sobre todo los souvenirs que se adquirían; sin duda alguna el auto del piloto mexicano Adrián Fernández, ese auto con los colores verde, blanco y rojo, alusivos a nuestra símbolo patrio, desde luego producto de sus marcas patrocinadoras en esos tiempos de la época dorada del automovilismo deportivo de la cual fuimos participes algunos años en prensa, radio y televisión.

La empresa cervecera que lo patrocinaba lanzaba una campaña que impactó fuertemente en la sociedad mexicana y brindaba un ejemplo de responsabilidad y cultura vial, recordemos el famoso programa “Conductor Designado”. El cual creaba conciencia respecto a la combinación de volante y alcohol, una maravilla.

En mis visitas y eventos de trabajo, encontré un lugar en mi querido San Luis Potosí que practica una modalidad similar entre sus clientes; así es, existe uno, es en ciudad Fernández y Rioverde, el antro LIFE; el cual recibe clientes, los cuales se registran como responsables del auto de sus amigos, se les coloca una pulsera y reciben dos refrescos para acompañar a sus compañeros y disfrutar la velada de la música del lugar, así se promueve un poco la responsabilidad que la verdad muy pocos jóvenes y adultos de hoy la acatan. Un vivo ejemplo de aquella campaña de responsabilidad de los años 90´s.

Estuvimos presentes en el marco de la segunda jornada participativa para la construcción de la Carta de la Ciudad por los Derechos Culturales; una iniciativa del Ayuntamiento capitalino realmente muy buena, pero la cual será de pasos lentos y es difícil concretarla en tan pocos años de la administración municipal, ya que la sociedad artística se queja del secuestro en el cual estamos inmersos en la capital potosina por parte de las autoridades de todos los niveles.

Apersonado en dicho encuentro, pude visualizar y presenciar, que ese instrumento vinculante será un documento de construcción participativa e intersectorial, diseño local y anclaje internacional, al ser coordinado con la UNESCO en México y bajo la observación de la CNDH de San Luis Potosí.

Un reto muy bueno para el Ayuntamiento capitalino que trae un rezago de participación cultural nula o escaza de administraciones municipales anteriores que acabaron con los Derechos Culturales, y la actual no se queda atrás por la imposición de la dirección de comercio con el gremio de artistas urbanos, un sector importante que brinda vida, música, alegría en nuestras calles; recordando un buen trabajo, lo viví con el último director de Cultura Municipal que realmente generaba actividades de realce estatal y nacional, y que posee un conocimiento y experiencia en la materia, mi gran amigo Daniel de la Llera; desde su salida no hemos vuelto a tener iniciativas de proyección cultural que enaltezcan nuestro acervo, siendo San Luis Potosí una ciudad colonial con grandes riquezas artísticas.

Los Festivales musicales son un verdadero ejemplo de desvío de recursos del pueblo para llegar a manos de pseudo promotores y managers fantasmas, y los sostengo ya que pertenezco a grupos de managers y productores nacionales e internacionales desde hace 20 años, y no conozco paisanos de trayectoria que sean del grupo, y son los que aparecen cada tres años en las administraciones municipales o al servicio de los diputados en el poder.

Me parece interesante la función de la CNDH en materia de los Derechos Culturales dónde destaca la importancia de consolidar el respeto, protección y garantía de la dignidad de las personas, toda vez que son un vehículo efectivo para la promoción de la tolerancia, el diálogo y la pluriculturalidad.

Los derechos culturales son esenciales para consolidar el respeto, protección y garantía de la dignidad de las personas, ya que permiten alcanzar una vida adecuada y preservar libertades fundamentales como la de pensamiento, conciencia, religión y expresión. Brindan también la oportunidad de reunión pacífica, formar una familia, poseer una nacionalidad y reforzar el derecho específico de las minorías a una propia vida cultural.

Para ello, es necesario promoverlos y apostar por la capacitación y educación en esa materia para fortalecer nuestra diversidad, los mecanismos para su protección y justiciabilidad.

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