Reconocido de manera oficial; el Mayo era jefe político en Sinaloa
La renuncia de Aranza Puente al Partido Acción Nacional no sólo marcó una ruptura política, sino que desató una reacción exacerbada que hoy exhibe prácticas burdas de violencia política política de género operadas desde estructuras partidistas y, para no variar, guerritas de lodo desde el Ayuntamiento de San Luis Potosí capital.
Lejos de asumir el hecho como una decisión legítima, la respuesta fue una ofensiva sistemática de descalificación, bufonadas y ataques personales que se han prolongado durante días. (Lo bueno que ni les dolió)
La reacción resulta aún más reveladora frente a la insistencia de ciertos actores en minimizar la salida de la diputada, mientras concentran muy buena parte de su energía en golpearla públicamente. La consigna no fue espontánea ni aislada: se articuló desde espacios identificados con el panismo local, se amplificó en redes sociales y encontró eco en personajes deleznables que forman parte de la nómina municipal.
Uno de los casos más visibles es el de Arturo Gutiérrez García, trabajador de la Dirección de Servicios Municipales, quien ha utilizado el grupo de Facebook Sólo Panistas para difundir mensajes de agravio y descalificación contra Aranza Puente.
Desde ese espacio, que en teoría debería representar a militantes del PAN, se han promovido expresiones que poco tienen que ver con el debate político y mucho con el linchamiento personal.
La contradicción se profundiza cuando vemos que en ese grupo de “solo panismo”, participan y opinan actores vinculados a otras fuerzas políticas, particularmente las del PRI, quienes se han sumado a la narrativa de ataque contra la diputada.
Esto deja en evidencia que no se trata de una defensa partidista, sino de una operación alineada a un proyecto de poder municipal que simple y llanamente ha utilizado al PAN como vehículo electoral, sin asumir una identidad panista real. Si no lo creen, pregúntele a los trabajadores del blanquiazul despedidos sin miramientos este año por el Galindato.
Más grave aún es que parte de esta ofensiva se haya ejecutado mientras algunos de estos personajes —incluidos opinadores que hoy escriben textos de agravio— se encontraban de viaje en Europa, específicamente en Madrid, como parte de la comitiva que acompañó al alcalde a la Feria Internacional de Turismo (FITUR).
No se trata de desplazamientos personales ni costeados con recursos propios, sino de viajes financiados con dinero público, desde donde continuaron operando contra la legisladora.
El fondo del conflicto revela una incongruencia mayor: desde el Ayuntamiento se impulsa una consigna para exigir lealtad partidista a una diputada que decidió renunciar al PAN, cuando los principales actores del gobierno capitalino no son panistas, no militan en ese partido y sólo han utilizado sus siglas para fines electorales. De modo que se reclama fidelidad a un partido al que, en los hechos, nunca pertenecieron.
El mensaje es claro: quien se atreve a romper con una estructura que ha vaciado de contenido a un partido político es castigado mediante ataques coordinados, uso faccioso de plataformas públicas y participación de trabajadores municipales y opinadores afines, incluso de otros partidos.
Lo quieran admitir, o no, el pobre PAN enfrenta algo más profundo que una renuncia: la exhibición de cómo sus siglas han sido usadas, desechadas y hoy defendidas con violencia por quienes jamás han creído en ellas.





