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Encuestitis La encuestitis es un padecimiento sistémico que provoca la tentación de que la o el aspirante a un puesto de elección popular quiera alterar a su favor las respuestas bajo la máxima no escrita: La encuesta es de quien la paga.
El sufijo -itis es de origen griego y significa inflamación o irritación; en el ámbito médico, se utiliza al final de una palabra para indicar que una parte específica del cuerpo está inflamada o hinchada; en el mundo de la política: encuestas infladas. El término aplica bien en la política cada vez que se avecina una elección como la del 6 de junio de 2027.
Todos los días vemos encuestas en redes sociales, medios de comunicación o durante las campañas electorales. Algunas muestran a un candidato arriba, otras muestran resultados muy distintos y muchas veces generan la impresión de que una elección ya está decidida.
Pero antes de creer cualquier encuesta, es importante entender algo: no todas tienen la misma calidad; una encuesta seria puede ayudarnos a conocer la opinión pública; una encuesta mal hecha puede generar percepciones equivocadas.
n esta realidad, toma relevancia que la persona que acudirá a votar pueda tener elementos confiables para evaluar a una o un candidato. Entonces: ¿Cómo saber si una encuesta es confiable? Expertos coinciden en cinco aspectos que cualquier persona debe analizar para saber si una encuesta es confiable:
El tamaño y la calidad de la muestra: ¿A cuántas personas entrevistaron? Pero no solo importa la cantidad de personas entrevistadas; una buena muestra debe incluir hombres y mujeres, jóvenes y adultos, habitantes de distintas zonas y niveles socioeconómicos. Por esa razón, es importante revisar cuántas personas participaron y cómo fueron seleccionadas.
En la investigación política y de opinión pública, la fórmula más utilizada por encuestadoras como Ipsos es la de estimación de proporciones para poblaciones finitas, con un nivel de confianza del 95 % y un margen de error estándar (usualmente) del ±3 % al ±5 %.
El margen de error significa que los resultados son una estimación, no una cifra exacta. Por ejemplo, si un candidato aparece con 40 % de apoyo y el margen de error es de ±3 %, su respaldo real podría estar entre 37 % y 43 %.
Este dato es fundamental porque muchas veces se presentan diferencias muy pequeñas como si fueran definitivas; si dos candidatos están separados por apenas dos o tres puntos y el margen de error es ±3 %, en realidad podrían estar empatados.
En términos prácticos, en las tablas y fórmulas de las casas encuestadoras de prestigio, hay parámetros estadísticos sobre la muestra, donde fijan para un municipio pequeño de 300 a 500 entrevistas; en una ciudad media, de 400 a 600 entrevistas; en una capital estatal, de 600 a 1000 entrevistas; en un estado, entre 800 y 1500 entrevistas.
Sin embargo, en consultoría política profesional no se evalúa únicamente el número de entrevistas. Una encuesta de 1,200 casos mal distribuida puede ser menos confiable que una de 500 casos bien estratificada y correctamente levantada.
La frase que utilizan los especialistas es: “La representatividad no depende solamente del tamaño de la muestra, sino de la calidad del diseño muestral”.
Cómo están hechas las preguntas. La forma de preguntar puede influir directamente en las respuestas. No es lo mismo preguntar: ¿Por cuál candidato votaría?, que preguntar: Considerando los problemas actuales del gobierno, ¿por cuál candidato votaría? La segunda pregunta introduce un elemento que puede afectar la respuesta.
Las encuestas profesionales utilizan preguntas neutrales y evitan palabras que orienten la opinión del entrevistado. El diseño de una encuesta con sesgo (pregunta inductiva) influye directamente en las respuestas y puede provocar resultados distintos.
La transparencia metodológica. Una encuesta seria siempre explica cómo fue realizada. Debe informar quién la realizó, quién la financió, cuándo se levantó, cuántas entrevistas hizo, qué métodos utilizó y cuál es su margen de error, lo que se conoce como ficha metodológica. Si una encuesta aparece en redes sociales sin estos datos, es difícil saber si sus resultados son confiables. La transparencia es una de las principales señales de calidad.
La credibilidad de la encuestadora. También es importante conocer quién está detrás de la encuesta. Las empresas con experiencia suelen publicar sus métodos de trabajo y cuentan con antecedentes que permiten evaluar su desempeño. La reputación no garantiza que una encuesta sea perfecta, pero sí ofrece elementos para valorar su confiabilidad.
Para garantizar la veracidad de los datos, todos los sondeos y estudios publicados en México deben cumplir con los lineamientos técnicos establecidos por el Instituto Nacional Electoral (INE). Existe una idea equivocada muy común: pensar que las encuestas predicen el futuro y, si se cae en la encuestitis, es peor.
Las encuestas no predicen resultados electorales; lo que hacen es medir la opinión de las personas en un momento específico. Son una fotografía del presente, no una garantía de lo que ocurrirá el día de la elección.




